Miguel Carcache se siente feliz de volver a mover la cabeza y los brazos, porque ya puede jugar beisbol otra vez. Luego de cinco años con las secuelas de una quemadura, y gracias a que fue beneficiado con una cirugía de injerto de piel en su cuello y el pecho, pudo recuperar la movilidad de sus miembros.
Su madre, Alba Luz Traña, no puede evitar llorar. Contar la experiencia equivale a volver a vivir el drama de aquel 20 de noviembre, cuando su hijo cayó en un cesto de basura que explotó, luego que tomara fuego a causa de un triquitraque.
“Él salió encendido y yo corrí para tratar de salvarlo. A mí lo único que se me ocurre es quitarme la camisa en media calle y se la tiré en la cara; así fue como logré apagarlo”, expresó Traña.
El hecho de ver a su hijo con el torso en carne viva fue un impacto tremendo; pero lo que más le duele ha sido la humillación y discriminación de la que ha sido víctima su hijo a causa de las múltiples cicatrices que conserva en su rostro.
- La doctora Ivette Icaza explicó que más del cincuenta por ciento de los niños quemados en Nicaragua y Centroamérica se queman con líquidos calientes; ya sea en la cocina o en el lugar donde se está cocinando.
También es cultural, por el uso de los triquitraques. Por las sopas, que en la mayoría de los hogares se hacen en un fogón improvisado en el patio. Y como no tenemos los cuidados necesarios, los niños caen accidentalmente, provocándose quemaduras, señaló la doctora Icaza.
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“Lo que estamos pasando ahorita es duro, yo lavo y plancho ajeno y él me ayuda con los cuadros que pinta y los aretes que hace para vender”, expresó esta mujer, que desde aquella prueba de fuego se convirtió en el padre y la madre de Miguel. No puede evitar las lágrimas, a pesar de que la sicóloga le ha indicado que no es recomendable que su hijo la vea llorar.
ESPECIALISTAS
El testimonio de Miguel fue quizás el momento más emotivo durante la inauguración del IV Encuentro Centroamericano y del Caribe de Quemaduras, en el que se reunieron varios especialistas en el tratamiento de pacientes quemados.
“Este encuentro, además de tener una parte científica con expertos con más de 20 años, es un encuentro de organizaciones como Aproquen, que ayudan en sus países a mejorar el tratamiento de los niños quemados”, indicó la doctora Ivette Icaza, coordinadora de rehabilitación de la unidad de quemados de la Asociación Pro Niños Quemados de Nicaragua (Aproquen).
Vivian Pellas, presidenta de Aproquen, indicó que la asociación atiende alrededor de mil pacientes mensuales y a lo largo de 19 años han brindado más de 289 mil servicios de salud gratuitos.
BANCOS DE PIEL
Una de las ponencias más interesantes de este encuentro estuvo a cargo del doctor Alberto Bolgiani, creador del banco de piel en Argentina.
Según el médico, estos bancos permiten poder almacenar parte de la epidermis de los cadáveres, para luego cubrir de manera transitoria a los pacientes que han perdido su piel por quemaduras. Esta piel, con el debido control de calidad, puede ser almacenada hasta por diez años.

Sin embargo, los donantes deben cumplir con algunas especificaciones, tales como no haber sufrido ningún tipo de enfermedad en los últimos diez años y que la causa de la muerte no haya sido otra más que un traumatismo craneoencefálico o bien un paro cardiaco.
“Ningún otro tipo de muerte que sea consecuencia de una enfermedad”, puntualizó Bolgiani.
Pero Nicaragua se encuentra muy lejos de tener un banco de piel, por múltiples razones. La primera y quizás la más importante sea porque mantener un banco de piel significa altos costos y tecnología y la demanda en esta zona no es tan alta, debido a que la mayoría de los niños presentan quemaduras leves y no necesitan piel de cadáver, pues los injertos pueden sacarse de otras áreas de su cuerpo.
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