Alejandro A. Tagliavini

¿Es comunista el gato?

El “pragmatismo” de Deng Xiao Ping, para quien no importaba “si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones”, dio lugar a tres décadas de crecimiento, a un ritmo del 10 por ciento anual, inédito en la historia mundial, con lo que China superó a Japón como la segunda economía del mundo. Y, teniendo hoy una participación cercana al 8 por ciento en el PIB mundial, podría superar a EE.UU. que produce alrededor del 20 por ciento del PIB global, en 2020, según el Banco Mundial.

Aunque las cifras esconden algo de propaganda. En The Wall Street Journal comparaban el modo en que el gobierno chino calcula el PIB con las salchichas: “Si usted es fan, no pregunte cómo se hacen”. En rigor, toda la econometría es arbitraria, ya que las personas no son entes que se puedan “matematizar”. Un informe del American Enterprise Institute cuenta la metodología china. Por ejemplo, el mero desembolso dirigido a la inversión es considerado como si ya se hubiese realizado. Así, generando aumentos en el gasto para la producción ya registran un aumento en el PIB.

Sea como fuere, definitivamente ha crecido mucho, sacando a millones de la pobreza. Claro que esto es posible gracias a la enorme cantidad de habitantes que quintuplica la de EE.UU. y es casi diez veces la de Japón. De hecho, el PIB per cápita fue de US$3,600 en 2009, cuando el nipón llegó a 37,800.

China emplea la mitad del hierro mundial y más del 40 por ciento del acero, aluminio y carbón, produce más automóviles que EE.UU. y exporta más que Alemania. Posee las mayores reservas mundiales de divisas, US$2.4 billones, y es el primer acreedor de EE.UU. ya que (excluyendo Hong Kong) detentaba en junio US$843,700 millones en bonos del Tesoro. La gestión de sus reservas hace temblar a Occidente.

El gigante asiático es el segundo socio comercial de América Latina y, no sólo ayuda elevando el precio de los commodities al demandar enormes cantidades, sino con inversiones. Según la CEPAL, Asia recibe 73 por ciento de las inversiones externas chinas no financieras, América Latina 17 por ciento y África 4 por ciento.

El pragmatismo de Deng, las reformas que abrieron el país al capital extranjero y liberaron algunas actividades, produjo que uno de cada dos dólares destinados en el mundo a la inversión extranjera directa fue al gigante asiático, la mitad a través de Hong Kong.

En definitiva el tema es la coacción. Hoy, que está de moda lo “verde“, tenemos más clara la importancia y, sobre todo, la sabiduría de la naturaleza. Y la violencia, la coacción, decía ya Aristóteles, destruye la vida porque, precisamente, desvía el curso espontáneo, natural, de las cosas. Así, la “autoridad” coactiva que, por la fuerza policial o militar (supuestamente justa o no, en defensa propia o no), desvía el curso de los acontecimientos, necesariamente terminará destruyendo a la naturaleza, a la vida.

La verdadera autoridad, la que construye, básicamente con el ejemplo, atrae la voluntad de las personas que, natural y espontáneamente deciden seguir ese liderazgo. Así, en la medida en que China ha ido dejando la “autoridad” coactiva, dando paso al desarrollo natural, espontáneo, de los acontecimientos, por caso, levantando restricciones al capital permitiendo que naturalmente se desarrollaran, ha crecido sin que importe “el color del gato“, llámenlo como quieran, comunista o capitalista, qué más da.

Opinión
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