Es increíble la cantidad de personas mal pensadas que existen en este país. Aquí somos pocos los que no pensamos mal; aquí somos pocos los que no creemos que sea saludable para la vida política de Nicaragua aquello de que “piensa mal y acertarás”.
Cuando a Alejandro Bolaños le “devolvieron” la diputación y al Partido Conservador su personalidad jurídica los “mal pensados” empezaron a decir, sin ninguna prueba, que don Alejandro se había vendido al Frente Sandinista para que su yerno Armel González pudiera regresar a vivir tranquilamente a Nicaragua a hacer negocios. Se habló también de que, como consecuencia del acuerdo que el señor Bolaños había hecho con el partido gobernante, don Daniel Ortega había ordenado que le devolvieran unas tierras en Tola, y que también había “bajado orientaciones” para que se resolviera favorablemente un juicio que, por cuestiones hereditarias, le interesaba familiarmente a don Alejandro.
Yo hablé con muchos “mal pensados” y ninguno me presentó pruebas contra el señor Bolaños. Es más, ni siquiera me informaron de hechos constitutivos de indicios racionales que me hubieran hecho presumir que don Alejandro se había vendido a don Daniel. Lo único que argumentaban los que viven pensando mal era —y lo repetían con machacona insistencia— que el Frente Sandinista no daba nada gratis.
El señor Bolaños Davis, con la sinceridad que lo caracteriza, contradijo a todos los “mal pensados”; negó la existencia de acuerdo alguno con el Frente Sandinista y explicó que la decisión de haberse devuelto la diputación y la personalidad jurídica al Partido Conservador había obedecido a una enorme presión internacional.
Los analistas políticos de Acoyapa residentes en Managua le creyeron a don Alejandro, no sólo por falta de pruebas de los “mal pensados” sino también porque el señor Bolaños, con su extraordinario carisma y con su impecable trayectoria de hombre de bien, no iba a poner en riesgo por “treinta monedas de plata” su importante capital político.
Sin embargo, mis paisanos para no quedarse con la sola creencia de que don Alejandro no mentía, llevaron a cabo una importante investigación en Estados Unidos y Europa, al final de la cual se logró confirmar que las declaraciones del señor Bolaños Davis eran ciertas; y que efectivamente la “devolución” de la diputación y la restitución de la personalidad jurídica al Partido Conservador se había debido a una abrumadora presión internacional.
Los acoyapinos que realizaron la investigación descubrieron un acontecimiento interesante: al finalizar una reunión del G2O, Obama se reunió a solas con Angela Merkel, David Cameron, Nicolás Sarkozy, Silvio Berlusconi, José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente Lula de Brasil, para estudiar el caso de don Alejandro. Después de discutido el asunto decidieron unánimemente —mediante los buenos oficios del presidente brasileño— presionar a Daniel Ortega para que al señor Bolaños Davis y al Partido Conservador le devolvieran sus derechos anteriormente conculcados. Mis coterráneos escucharon en Washington que Obama hasta estaba dispuesto a utilizar el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, para presionar a don Daniel en el caso de que la gestión de Lula fracasara.
La presión internacional surtió efecto positivo e inmediatamente el señor Bolaños se lanzó a la carrera presidencial por el Partido Conservador, hecho que ha empezado a preocupar profundamente a Daniel Ortega, pues éste nunca se imaginó la acogida masiva y entusiasta que la candidatura de don Alejandro iba a tener en el pueblo nicaragüense.
Anteriormente a don Daniel no le preocupaba ni la candidatura de don Arnoldo ni la de don Eduardo. El presidente Ortega estaba seguro de ganar. Pero ahora la está viendo “color de hormiga” porque según algunas encuestas privadas, don Alejandro, si fueran hoy las elecciones generales, aplastaría electoralmente a don Daniel. El presidente Ortega jamás se imaginó que la “resurrección política” de Bolaños —un verdadero imponderable político— le iba a quitar el sueño.
Yo creo que este caso debe servir de ejemplo a los “mal pensados” para que se percaten de que no se debe andar haciendo afirmaciones sin fundamento, de que “imaginaciones a la ligera” perjudican la vida política del país. Debemos empezar a olvidar para siempre el nefasto principio que dice: “piensa mal y acertarás”.
El autor es abogado
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