Mientras siguen los bandazos de la oposición, la dictadura del presidente Daniel Ortega Saavedra avanza sin ningún problema. Es increíble cómo el principal aliado para fortalecer un indeseable régimen político como el actual, parece ser la mayoría de líderes de distintos partidos políticos por sus miserables formas de pensar y actuar, dizque ellos en nombre de la democracia. Si el partido gobernante dominado por los orteguistas se roba las elecciones en el 2011, esos líderes opositores serán los principales culpables. Y digo que los orteguistas se las robarán, porque a través de mecanismos legales y democráticos, jamás ganarían los comicios electorales.
Los operadores del régimen orteguista se han preparado desde hace mucho tiempo, a tal punto que el latrocinio de las elecciones municipales del 2008 fue su más exitoso golpe a la institucionalidad y la democracia en el país.
Claro, sin menoscabo que desde que la dictadura militar de Ortega fue expulsada del poder en 1990, los militantes del FSLN se dedicaron a causar mucho daño al país a través de sus actos criminales, para “negociar” y apoderarse de facto de las distintas instituciones del Estado, al punto que actualmente no hay una sola donde los funcionarios orteguistas o de oposición no estén bajo amenazas y/o chantajes, cuyos perjuicios alcanzan a las familias de los afectados.
Estos líderes de la oposición, sobre todos los liberales, no hacen caso. Son unos testarudos. En las elecciones del 2006, además de que el pacto libero-sandinista facilitó las cosas a los enemigos de la democracia agrupados en el FSLN, al establecer en el artículo 147 de la Constitución Política, que “Para ser elegidos Presidente y Vicepresidente de la República los candidatos a tales cargos deberán obtener como mayoría relativa al menos el cuarenta por ciento de los votos válidos, salvo el caso de aquéllos que habiendo obtenido un mínimo del treinta y cinco por ciento de los votos válidos superen a los candidatos que obtuvieron el segundo lugar por una diferencia mínima de cinco puntos porcentuales…”, luego los dos contendientes de la misma corriente política (José Rizo y Eduardo Montealegre) no se unieron y el resultado es la dictadura que tenemos.
La historia del 2006 está a punto de repetirse y con esto, la permanencia en el poder del partido que ama la violencia, la corrupción y la manipulación de la pobreza de la mayoría de la población, mientras sus líderes y secuaces se enriquecen de manera vertiginosa. Estamos a tiempo de evitar más problemas a nuestro país con la continuidad del orteguismo, siempre y cuando la mezquindad de los “demócratas” lo permita.
Todas estas actitudes miserables de los partidos opositores han oxigenado a la dictadura. Los últimos ejemplos más claros son: el oportunismo de quienes se agrupan en la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), para chantajear a la misma oposición y la falta de beligerancia de los diputados opositores en la Asamblea Nacional para frenar mediante leyes a la dictadura. El caso más reciente es que los mismos liberales del PLC y de la Bancada Democrática Nicaragüense (BDN) prefirieron disfrutar de sus placenteras vacaciones en vez de sesionar con urgencia para apoyar a los magistrados judiciales que han dado la batalla contra quienes delinquen en ese poder del Estado. Estas son actitudes de personas que no están interesadas en defender la democracia, legalidad e institucionalidad del país. No merecen que se vote por ellos.
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