Más de diez mil productores endeudados, conocidos en Nicaragua como los “No Pago” desde que se organizaron como un movimiento contra las instituciones microfinancieras, ya empezaron a saborear lo amargo del populismo.
Después de dos años de protestas contra sus acreedores, tan violentas a veces que hasta intentaron quemar la sucursal de una microfinanciera en el norte del país, ahora marchan en Managua para pedir al presidente Daniel Ortega que les ayude, ordenando al Estado que compre su deuda acumulada equivalente a 25 millones de dólares.
Supongo que debe ser amargo para estos productores tener que ir hasta el portón de las oficinas de Ortega, ya que no los han dejado pasar de allí, para rogar como mendigos que el Gobierno les rescate de un problema que se les hizo mayor por seguir las arengas del mismo Ortega, que en julio del año 2008 los incitó a confrontar a la microfinancieras y no pagar.
Estos deudores, al parecer ya convencidos de que el líder del Frente Sandinista (FSLN) sólo da si recibe alguna compensación política, encabezaron su marcha con mantas que proclamaban a Ortega como Presidente en el 2011, porque saben que quiere ser reelegido por segunda ocasión, a pesar de que la Constitución del país se lo prohíbe.
Si eso no es servilismo político, no sé cómo se llamará; y lo triste es que los “No Pago” tienen ahora que arrastrarse a los pies de Ortega, ofreciéndole el voto de más de 13 mil endeudados a cambio de que los libere de las deudas que, además, les dejaron sin algunas propiedades y sin acceso al crédito.
Son las consecuencias del populismo, para quienes creen en los discursos encendidos de caudillos como Ortega, que hacen promesas extraordinarias e ilusionan a personas muy necesitadas o con poca educación, que al final sufren la decepción de haber sido utilizadas, en este caso como turbas para enfrentar a adversarios políticos del caudillo o para respaldar con votos una reelección, y nunca ver cumplidos los ofrecimientos principales.
Entre esos miles de deudores habrá gente convencida de que Ortega debe seguir mandando y de que hicieron lo correcto al negarse a pagar, pero habrá otra que quizás nunca tuvo una idea lo suficiente clara de lo que hacía y hasta puede estar arrepentida. Un indicio es que los dirigentes de los No Pago anunciaron que a su marcha, el jueves último, asistirían cinco mil personas, pero al final llegaron menos de dos mil.
Como sea, el daño está hecho. Ortega los mandó a no pagar a “los usureros”, como llamó a las microfinancieras, y a plantarse en las oficinas de éstas hasta obligarlas a renegociar las deudas, que siguen creciendo. Una consecuencia fue la reducción de la entrega de créditos en zonas donde la banca comercial no tiene presencia, lo que afectó también a miles de productores y comerciantes que sí pagaban, y esto provocó desempleo.
Ortega sabía lo que hacía. Su propósito, desde que retomó el poder en enero del 2007, ha sido conseguir apoyo para seguir gobernando más allá del 2011. Su estrategia principal consiste en engañar a pobres e incautos y comprar votos. Lo demás le importa poco.
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