Alejandro A. Tagliavini

Al Capone era un niño de pecho

Al Capone no fue una creación de Hollywood, sino de la “ley seca”. Prohibir la comercialización del alcohol logró la aparición del submundo de la ilegalidad y el crimen. Del mismo modo, los modernos traficantes de drogas y, probablemente, también las FARC no son el resultado de un guión cinematográfico sino de la violencia estatal. Según Ted Galen Carpenter, de Cato Institute, las FARC recaudaban US$$600 millones al año del narcotráfico. Muchos de estos grupos guerrilleros no existirían sin los recursos de las drogas. No se trata de desconocer el enorme daño que producen las sustancias ilegales, sino de comprender que la violencia, precisamente, agrava el problema.

La “guerra contra las drogas” es un círculo vicioso. Cuanto más fuerte es la represión (la violencia) estatal, más se dificulta su tráfico encareciendo el precio y, entonces, más dinero hay para el negocio y para corromper a los burócratas. La mayor parte de la droga es movida por funcionarios corruptos a través de canales legales. El narcotráfico se nutre de mano de obra barata entre desocupados y empobrecidos campesinos.

El Nobel de Economía, Gary S. Becker, escribió en el Journal of Political Economy que “la guerra contra las drogas está costando a EE.UU. más de US$$100,000 millones al año”. Además de The Economist y otro premio Nobel, Milton Friedman, muchos apoyan la legalización. Para George Shultz, ex secretario de Estado, “la legalización… eliminaría el incentivo de reclutar jóvenes para la adicción”. Según Steven Duke, profesor en Yale, “legalizar las drogas reduciría el consumo de alcohol, que es más dañino”. Para George Soros, la guerra contra las drogas está causando más daño que el abuso de estupefacientes.

Resulta razonable que ahora Juan Manuel Santos hable de la “prosperidad democrática“, como eco de la “seguridad democrática”, la política de su predecesor, que erradicó a la guerrilla de rutas y ciudades, lo que incrementó el nivel de inversiones y el crecimiento económico en Colombia, ¿o fue a la inversa?

El problema, al menos en parte, ha sido trasladado a México donde, desde fines de 2006, han muerto 28,000 a causa de la guerra contra el narcotráfico. Los sicarios atacan a las fuerzas federales hasta con explosivos plásticos militares como el C4. El cártel de Sinaloa se atribuye el secuestro de periodistas en el estado de Durango. En el primer semestre de 2010 fueron asesinados diez periodistas, once desaparecieron y la prensa soportó 54 agresiones.

Para colmo de males, esta guerra potencia el “celo” de algunos por “cuidar” su frontera. Además de los 1,200 efectivos de la Guardia Nacional que envía ahora Obama como refuerzo, existen más de 600 grupos racistas como el Ku Klux Klan, los Guardianes de la Frontera y los Minutemen, según el Southern Poverty Law Center, que se dedican a la caza de inmigrantes. Cada año aumentan 20 por ciento los crímenes cometidos por estos terroristas. Pero el éxodo no cesa, demostrando que la violencia nada soluciona. Precisamente, huyen de la violencia.

Cuba es una isla cárcel, violenta como todas las cárceles, pero los carceleros cubanos no serían tan efectivos sino fuera porque la Patrulla Fronteriza en la Costa de La Florida deporta a los cubanos que logran huir desesperadamente, muchas veces en embarcaciones tan precarias que algunas suelen ser descubiertas sin nadie adentro, sólo Dios sabe dónde quedaron los cadáveres.

El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

Opinión
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