Las familias del corredor seco de Nicaragua tendrán que esperar a septiembre para poder conseguir otra vez alimentos. LA PRENSA/ARCHIVO/A. LEÓN

Desnutrición amenaza a niñez del norte nicaragüense

Según el quinto informe del organismo Acción Contra el Hambre, la prevalencia de desnutrición aguda en las zonas del corredor seco de Nicaragua pudo haberse duplicado, pues hasta agosto de este año alcanzó un índice de 0.9; cuando en abril el mismo era de 0.5.

Según el quinto informe del organismo Acción Contra el Hambre, la prevalencia de desnutrición aguda en las zonas del corredor seco de Nicaragua pudo haberse duplicado, pues hasta agosto de este año alcanzó un índice de 0.9; cuando en abril el mismo era de 0.5.

El organismo realizó un levantamiento de datos en conjunto con Soynica y estudiaron a 1,380 niños de los municipios de San José de Cusmapa, Las Sabanas, Somoto, Totogalpa y Yalagüina, en el departamento de Madriz.

“Aunque es una cifra relativamente baja, y que de alguna manera no es una cifra que corresponda con los estándares internacionales de emergencia nutricional, es una cifra significativa, porque ha duplicado a la cifra que se había reportado en abril”, señaló José Luis Vivero, coordinador regional de Acción Contra el Hambre.

En estas zonas del país, algunas familias se han visto obligadas a reducir a dos los tiempos de comida; pero además han tenido que reducir en casi 70 por ciento la cantidad de alimentos que consumen. En situaciones normales, se consume alrededor de una libra de maíz por persona y actualmente se está cocinando un cuarto de libra por cabeza.

PUNTO CRÍTICO

Sin embargo, la situación no promete mejorar; pues, tal como lo indicó Vivero, en esta época del año es cuando se enfrentan al hambre estacional; un periodo en el que las familias más vulnerables pasan su peor momento del año; pues ya se les han agotado las reservas alimentarias de la cosecha de postrera y tienen que comprar el alimento fuera; pero las familias, que sobreviven gracias al trabajo temporal en el campo, entran al desempleo después de marzo.

“No sólo no tienen dinero ni tienen reservas, sino que saben que los alimentos están subiendo; entonces estas familias cada vez están pasando más hambre, los niños, que son los más sensibles, son los que reflejan esa mala alimentación”, aseguró Vivero.

Y aunque la merienda escolar se ha convertido en una alternativa nutricional para los niños de esta zona; lamentablemente los más perjudicados son los niños menores de tres años, que no forman parte del estudiantado y por lo tanto no tienen derecho a este beneficio.

Ante esto, el organismo considera que el Gobierno debe impulsar un proyecto de mano de obra intensiva, a modo de protección social, para estas familias vulnerables. “Esto proporcionaría a estas familias que no tienen ahora ingresos, que se les ha agotado las reservas y que todavía no van a tener alimento hasta septiembre, un colchón de dinero que les permitiría adquirir alimentos”, puntualizó Vivero.

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