Norma Helena Gadea. FOTOS LA PRENSA/D. NIVIA

Celebrando con son nica

Honor a quien honor merece. Y Nicaragua fue parte de un regalo envuelto en las mejores melodías a quien toda su vida le ha dedicado su cantar. La familia de artistas nacionales mostró su gratitud por el enorme legado cultural que el músico somoteño ha compartido con más de tres generaciones.

Honor a quien honor merece. Y Nicaragua fue parte de un regalo envuelto en las mejores melodías a quien toda su vida le ha dedicado su cantar. La familia de artistas nacionales mostró su gratitud por el enorme legado cultural que el músico somoteño ha compartido con más de tres generaciones.

Por eso a la convocatoria que organizara Movistar Música, todos estuvieron puntuales y hasta un público de más de 3 mil personas, que iban y venían, no perdió la oportunidad de compartir esta fiesta del son y bailaron, cantaron e hicieron un recorrido por una historia musical que lleva trozos de esta tierra.

CON TON Y SON

Un concierto sin precedentes, no solo por el simbólico precio, sino por la capacidad de convocatoria y el buen manejo del espacio, la seguridad y los recursos de los que se valieron para hacer el montaje del show. Desde las 2:00 de la tarde hasta pasadas las 8:00 de la noche el tercer piso del parqueo de Metrocentro fue invadido por un nutrido y variado público.

Un poco de euforia en el clímax quizá por la energía que transmitieron grupos como Milly Majuc o Monroy y Surmenage, pero hay cosas que en definitiva sólo la educación y el público pueden controlar.

Jóvenes, niños, adultos y ancianos. Familias enteras se congregaron por gusto o por curiosidad y fueron parte de un concierto enérgico que cumplió la hazaña de reunir a todas las edades, clases sociales y gustos musicales por un verdadero sentido, la identidad nacional que se vive sin importar ritmos, en cada letra de nuestras canciones.

Phillip Montalván.

CON CARLOS, PARA CARLOS

Y es que en el concierto no podían faltar pintorescos personajes que inspiraron melodías y que reviven sus historias cada vez que su son despierta.

Un cipotillo de pantalón chingo con la gorra al revés se paseó entre la multitud brincando al ritmo del ska. La imagen de Quincho Barrilete estuvo presente para muchos mientras Milly Majuc tocaba y durante la exquisita ejecución de la pieza muchos agitaban los brazos como volando su cometa.

“Hemos crecido y aprendido de esta música”, comparte Mario Ruiz, bajo y voz de Milly Majuc, “como cantautor es un maestro, compartir escenario con alguien que crea música y hace historia es un honor. Estamos hoy con Carlos, para Carlos”.

Monroy y Surmenage removieron la historia a través de La tumba del guerrillero , “una canción importante para Nicaragua y su historia que nos recuerda que nuestro pueblo está hecho de héroes que no podemos dejar morir”, dijo Lennin Ortíz, guitarrista de la banda.

No podía faltar la potente y dulce voz de Norma Helena Gadea, que con su original estilo cobijó al público bajo la sombra de Aquel almendro de onde la Tere , una canción que puso a flor de piel las emociones de la gente.

Monroy y Surmenage.

Para Phillip Montalván el tema Son tus perjúmenes mujer también va con su reggae y con aroma caribeño atrapó en su nueva versión.

Una Nicaragua, Nicaragüita vestida punk por Q69K, la Palomita Güasiruca rockera de Malos Hábitos, Momotombo puso su toque a Aquel almendro de onde la Tere y hasta Juancito Tiradora llegó con División Urbana.

De la marimba de chavalos que sigue su legado, sus hijos Carlos Luis y Augusto Mejía llevaron a todo el mundo a La hacienda de Don Nelo y con la picardía característica del buen nica pusieron a gozar a todos junto a La cuneta son machín. Jorge Mejía, otro de sus hijos, se encargó de registrar en su “Julita”, como suele llamar a su cámara fotográfica, cada momento del festival.

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CARLOS MEJÍA PARA RATO

Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina enamoraron como siempre al público que esperó hasta el final para cerrar con broche de oro una fiesta que representó a toda una generación de cantores que dieron rostro y música a la Nicaragua de generaciones pasadas que seguirá vigente cada vez que suene un son nacional.

Mejía Godoy compartió la gratitud del público y confesó sentirse comprometido para continuar trabajando por mantener vivo el espíritu nicaragüense a través de su cantar. El público cantó, brincó, se estremeció y hasta sobaqueó con su ícono nacional.

“Me siento honrada y feliz de compartir mi canto con el compositor más fecundo de esta tierra en la plenitud de su obra”, dijo Norma Helena Gadea, “es un homenaje oportuno, como debería ser, cuando el artista goza de esa vitalidad física y creativa. Nada de que pronto nos deja o algo así, un homenaje es para vivirlo y compartirlo con la gente”.

De igual manera Carlos Mejía Godoy fue enfático desde el inicio y no dio pie a preocupaciones o especulaciones del público; él está más que “vivito y coleando”, y lo demostró en el escenario, con su voz, su energía y la picardía característica de todo un Mejía Godoy.

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