ISLAMABAD/ EFE
La destrucción de infraestructuras básicas por las inundaciones que han anegado buena parte de Pakistán complica las tareas de asistencia a los 3.5 millones de personas afectadas por la catástrofe.
El principal río del país, el Indo, sigue desbordándose en nuevas zonas, ahora ya en la provincia suroriental de Sindh, donde hasta 40 localidades han quedado completamente inundadas en las últimas horas, explicó ayer un portavoz de la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (NDMA), Ahmad Kamal. Un destino similar les espera a otros siete distritos de esta región en las próximas horas.
Kamal agregó que los equipos de rescate lanzan desde helicópteros chalecos salvavidas y barcas para evitar que aumente la cifra de víctimas mortales, situada según la NDMA en 993, aunque otras fuentes oficiales la elevan hasta 1,500.
Mientras las tareas de evacuación prosiguen con condiciones meteorológicas adversas en varias partes del país y pronósticos de más lluvias intensas, entre 3.5 millones y 4 millones de personas esperan asistencia, especialmente en las provincias de Khyber-Pakhtunkhwa (noroeste) y Punjab (este), según la fuente.
Pero la llegada de la ayuda a los afectados está encontrando numerosas complicaciones en un país subdesarrollado y carente de recursos ante las peores inundaciones en casi un siglo. Con decenas de puentes derruidos, importantes carreteras bloqueadas y otra serie de infraestructuras gravemente dañadas, autoridades, Ejército y organismos humanitarios luchan contra reloj.
Según la prensa local, a la falta de preparación de las autoridades se unen disputas entre los Gobiernos central y provinciales como el de Punjab, con vistas a ganar puntos en un escenario de inestabilidad política donde no pueden descartarse unas elecciones anticipadas.
El primer ministro, Yusuf Razá Guilani, apeló de hecho a la comunidad internacional para que contribuya al éxito de un plan de asistencia masiva a la población, una vez haya bajado el nivel del agua y sean evaluados los daños.
También pidió que durante el mes sagrado del Ramadán no se celebren recepciones fastuosas de ruptura de ayuno en Pakistán, donde, en paralelo a la tragedia humanitaria, la violencia sigue su curso habitual, como en Karachi, donde disturbios étnico-políticos han cobrado la vida de 60 personas desde el lunes.
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