NOGALES/EFE
Arizona y los demás estados del suroeste de Estados Unidos iniciaron ayer el despliegue de 1,200 soldados de la Guardia Nacional, pero ni eso ni las redadas del alguacil Joe Arpaio parecen frenar por completo el éxodo de mexicanos hacia el Norte.
En Nogales (Arizona), uno de los puertos de entrada al país en la frontera con México, Ramón Orejel, de 68 años, y su nieto, Dorián, de 18, señalaron que los cruces ilegales continuarán “mientras haya trabajo acá”. “No entiendo cuál es el problema. Estamos ayudando al país y el país nos ayuda a nosotros con los trabajos… venimos a trabajar y no creo que eso sea un delito”, expresó el sexagenario de Durango.
En el Condado de Maricopa, uno de 15 condados de Arizona, Arpaio mantiene una cruzada contra los indocumentados, arrestándolos y entregándolos a las autoridades federales para su expulsión del país.
Los Orejel celebraron que narcotraficantes mexicanos presuntamente estén ofreciendo un millón de dólares por la cabeza de Arpaio, una noticia que se ha propagado como la pólvora en la zona. La amenaza surgió el jueves, cuando Arizona puso en marcha la Ley SB1070.
Mientras, el desembarco de soldados de la Guardia Nacional a lo largo de la frontera común de 3,200 kilómetros tiene el objetivo de dar apoyo logístico, de mantenimiento e inteligencia a la Patrulla Fronteriza para que ésta siga a los contrabandistas de armas, drogas y personas que pululan en la zona.
Con sus accidentadas elevaciones y enormes barrancos, Nogales, en el sector bautizado por la Patrulla Fronteriza como el sector de Tucson, es la ruta más frecuentada por los contrabandistas, ahora que ha aumentado la vigilancia en otras partes de la frontera, parcialmente amurallada.
Por su parte, la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, ha expresado que no habrá muro que los indocumentados no vayan a saltar y que es necesaria una reforma que refuerce la vigilancia fronteriza con más eficacia.
La inmigración ilegal continuará porque el imán de los trabajos y un futuro promisorio en EE.UU. resultan irresistibles, según los activistas pro reforma.
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