Ban Ki-moon. LA PRENSA/AFP/DON EMMERT

Menos bombas de racimo

La convención que prohíbe las bombas de racimo, o fragmentación, entró en vigor ayer y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y las oganizaciones no gubernamentales que luchan contra estas municiones esperan que obligue a las grandes potencias militares a renunciar a su utilización.

GINEBRA/AFP

La convención que prohíbe las bombas de racimo, o fragmentación, entró en vigor ayer y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y las oganizaciones no gubernamentales que luchan contra estas municiones esperan que obligue a las grandes potencias militares a renunciar a su utilización.

A seis meses de la ratificación por más de treinta países, el tratado de la convención concluido en diciembre de 2008 en Oslo y firmado hasta ahora por 107 naciones, entra en vigor.

El texto prohíbe el uso, la producción, el almacenamiento y el traslado de esta categoría de armas. Para el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, esta convención es “un avance mayor” para deshacer al mundo de estas “armas abominables”.

Las bombas de racimo o de fragmentación son largadas por vía aérea o lanzadas desde tierra. Al alcanzar cierta altura se abren y dejan caer submuniciones, del tamaño de una pelota de tenis, que se dispersan en amplias zonas. Entre el 5 por ciento y el 40 por ciento de las submuniciones que desprenden no estallan al contacto con el suelo y pueden permanecer activas durante años, lo que representa una amenaza para los civiles.

La coalición contra estas armas estima el stock mundial en más de mil millones de bombas. Las grandes potencias militares como China, Rusia, Estados Unidos o incluso Israel, que posen los mayores arsenales de estas bombas, se rehusaron a firmar la convención. Estados Unidos tiene un arsenal que contiene unas 800 millones de submuniciones.

Hasta ahora 22 de los 29 países miembros de la OTAN firmaron el texto, entre ellos Gran Bretaña, Alemania y Francia que cada uno posee reservas estimadas en 50 millones de submuniciones.

El presidente del CICR, Jakob Kellenberger, saludó la entrada en vigor de la convención que “estigmatizará la utilización” de bombas de racimo. “Esperamos (…) que también tenga un efecto en las prácticas de los Estados que aún no han adherido” a la convención, dijo.

Estas armas fueron utilizadas, entre otras, en la guerra de Vietnam, en los Balcanes y en el sur del Líbano en 2006. En la actualidad continúan causando víctimas. En Laos, 300 personas mueren o resultan heridas en promedio cada año por las submuniciones largadas durante la guerra de Vietnam.

Afganistán firmó la convención.

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