Educación Financiera
La actual crisis del sistema financiero mundial se dio porque olvidamos que la naturaleza básica de los bancos era captar ahorros y prestar dinero.
Bajo el argumento de la “liberalización financiera”, se convirtió a los banqueros en inversionistas, permitiéndoles crear instrumentos derivados de la deuda a niveles muy superiores al respaldo de su capital.
En el sector de Microfinanzas, el año 2005 fue declarado Año Internacional del Microcrédito por Naciones Unidas. En el año 2006 Muhammad Yunus, director del Grameen Bank (microfinanzas) de Bangladesh, ganó el Premio Nobel de la Paz. En los últimos años, la realeza europea ha estado más involucrada en brindar apoyo y respaldo a las Microfinanzas.
La visibilidad internacional que tomó el sector de las Microfinanzas atrajo fondos de inversión internacionales y prestaron en pocos años grandes cantidades de dinero a las instituciones de Microfinanzas, lo que las obligó a crecer, en algunos casos, más allá de su capacidad de control, creando paralelamente un problema de sobreendeudamiento en ciertos sectores de la población.
El fuerte crecimiento de la liquidez, en poco tiempo, obligó a las instituciones financieras a prestar mayores cantidades de dinero a sus clientes. Era más fácil y rápido otorgar un crédito de 1,000 dólares en la ciudad, que 10 préstamos de 100 dólares en el área rural. Así se alejaron de su “mercado original”.
Se olvidó la naturaleza básica del sector microfinanciero, que es movilizar el ahorro de la población más pobre y llevar créditos a los sectores más marginados y sin acceso a servicios financieros.
Con la crisis económica, los movimientos que proponen “el no pago o moratoria de sus deudas” y el crecimiento de la cartera en mora, una parte de la industria de microfinanzas está reflexionando sobre la necesidad de “volver al origen” de su nacimiento, para llevar de nuevo servicios financieros de ahorro y crédito a los sectores más pobres y marginados de la población.
En el área de la educación, la naturaleza básica de educar es crear patrones de cambio de actitud y comportamiento. En esencia, la educación es creación conjunta de conocimiento, es descubrir el mundo en un proceso de intercambio y aprendizaje mutuo entre el educador y el educado.
En la era industrial, la naturaleza básica de la educación se modificó para crear empleados dependientes que pudieran alimentar los requerimientos de las fábricas y empresas. Enseñamos a las personas a obedecer y seguir órdenes, olvidando la necesidad de promover más su empresarialidad y espíritu creativo.
Niveles de desempleo mundial no vistos en los últimos 50 años hacen imperiosa la necesidad de repensar la esencia y el valor agregado que la educación debe dar a las personas, para enfrentar los retos y la magnitud de los cambios del nuevo milenio. Cada vez se oyen más voces que promueven la necesidad de “rediseñar el sistema educativo”.
Las crisis y oportunidades nos traen lecciones. Una de las más importantes es que más allá de los cambios, no debemos olvidar la naturaleza básica de la creación de las cosas; y si nos desviamos, hacer esfuerzos por “volver al origen”, a la esencia de la misión y el valor agregado que la educación y los servicios financieros deben brindar a las personas.
El autor es director de Promifin, programa financiado por la Cooperación Suiza en América Central.
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