Hace varios meses conocimos el caso de Amalia, una humilde mujer de León con cáncer terminal que salió embarazada. Los grupos pro-aborto clamaron por la necesidad de abortar al bebé para salvarle la vida y acusaron a las autoridades de Salud y a quienes nos oponemos a las prácticas abortivas, de poner en riesgo su vida por estar en contra de que se apruebe el llamado aborto terapéutico.
Los grupos pro-aborto no hablaban de la vida del bebé, sólo de Amalia. Sostenían que debido al embarazo los médicos no podrían suministrarle tratamiento contra el cáncer porque lo pondrían en riesgo y que como no es legal el aborto terapéutico cualquier tratamiento contra el cáncer que provocara el aborto o la muerte del bebé sería delito. Según ellos, Amalia estaba condenada a muerte por falta del aborto terapéutico.
Las autoridades de Salud, médicos, abogados e incluso este servidor en un artículo publicado en este Diario (LA PRENSA), aclaramos que los grupos pro-aborto nuevamente estaban afirmando algo que no es cierto. Que no se necesitaba practicar un aborto para que a Amalia se le diera todo el tratamiento necesario contra el cáncer. Que era totalmente falso que para salvar la vida de una madre embarazada y enferma se necesitara de un aborto terapéutico. Que eso no lo penaliza la ley (ni tampoco a ello se oponen las iglesias católicas y evangélicas).
Se explicó ampliamente que a cualquier embarazada enferma se le debe dar el tratamiento que necesite para su vida y su salud, aunque como efecto secundario y no deseado se produjera un aborto o la muerte del bebé. Que se debe luchar por salvar a los dos, pero que si por desgracia el tratamiento médico de la madre perjudica al bebé, no hay ningún delito. Que lo que está penado es el aborto practicado intencional y directamente y no el que se puede producir como una consecuencia indirecta a un tratamiento médico. Que por lo tanto no es necesario legalizar el llamado aborto terapéutico.
A pesar de todas las explicaciones que dieron, los pro-aborto siguieron enarbolando el caso de Amalia, sin su consentimiento, como un acto cruel, inhumano, contra el derecho de la mujer, etc. Amalia moriría —afirmaban— por no existir el aborto terapéutico. Por su parte Amalia insistía en que estaba recibiendo el tratamiento para su enfermedad y que quería tener a su bebé.
Amalia no murió. No se practicó ningún aborto y se le dio el tratamiento contra el cáncer que requería. Desgraciadamente el bebé no sobrevivió, lo cual siempre se consideró como una probabilidad muy alta por el tratamiento de Amalia. Pero también existió la posibilidad de que naciera con vida.
El caso es que Amalia no dejó de recibir el tratamiento médico que necesitaba para el cáncer y a nadie condena la ley (ni lo hace ninguna Iglesia) por la muerte del bebé.
Se comprobó que el aborto terapéutico no fue necesario para mantener la vida de una embarazada con cáncer y el fallecimiento del bebé, como consecuencia no deseada, no constituyó ningún delito.
Sin embargo, Amalia contra su voluntad sigue siendo usada por los grupos abortistas. Como se les cayó su argumento principal ¡ahora reclaman por la muerte del bebé que primero querían que se abortara! ¿Cómo entender eso? Tras las campañas pro-aborto están los intereses multimillonarios de las industrias de ese negocio y las políticas de población que convienen a las naciones ricas.
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