Cartas al Director

Palabras: “No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras”.

 Juan Luis Vives (1492-1540), humanista y filósofo  español.

 

 

OBLIGACIÓN DEL GOBERNANTE

En la celebración del pasado 19 de julio, el mandatario Daniel Ortega Saavedra no expresó nada nuevo, lo que dijo es parte de su obligación como gobernante. Incluso, no es dinero de su bolsillo lo que invierte en los diferentes proyectos y beneficios sociales, es la plata del pueblo que está en las arcas del Estado y que administra e invierte como cualquier otro gobernante. Ortega dijo en su discurso: “Y nos vamos a ver las caras el próximo año, en la gran batalla electoral, ahí nos vamos a ver las caras y es el pueblo el que tendrá que tomar la decisión, son ustedes”. Es asombroso y digno de aplaudirle, al pueblo le fascinan estos retos. El gobernante que reta a su pueblo se cae.

No hay duda que el pueblo siempre ha sido pilar fundamental de los gobernantes. El pueblo hace a los gobernantes, los gobernantes no hacen al pueblo. Obviamente es ineludible que el gobernante que esté de turno tiene la obligación humana, moral y política de dar, apoyar y colaborar con su mejor aliado, el pueblo.

Ahora la oleada de descomposición que sufren los poderes del Estado obedece a un sentimiento de deterioro en la política y los políticos tradicionales, pues cada cual solamente ve hacia sus intereses de ansias de poder, es por eso que sufren su propia frustración, derrota y divisionismo ideológico. Y olímpicamente salen de vacaciones los “diputados” y regresarán hasta el 16 de agosto, pero no recuerdan que pasaron aproximadamente como seis meses sin trabajar.

Los acuerdos o pactos, los gobernantes y políticos lo hacen en privado sin darle participación al pueblo, y esto al pueblo lo resiente, es por eso que las elecciones del próximo año (2011) serán una novedad en el nuevo gobernante. Cientos de pactos y/o acuerdos pueden lograr los “funcionarios públicos” y políticos, pero nunca pueden ser equiparados con las leyes, ése es el gran enredo que se tienen, porque a los acuerdos o pactos le quieren dar categoría de ley.

Si van a pactar háganlo con sentido humanitario, de comunidad y unidad y no para buscar cómo llenarse los bolsillos. Ejemplo claro, los nuevos archimillonarios que tiene el país en los últimos 30 años, es una evidencia acertada. ¿Cómo hicieron ese capital estos nuevos archimillonarios? No hay duda que desde el poder, usurparon las arcas del Estado. Eso no es conciencia.

  Bayardo Quinto Núñez

ZELAYA

El general José Santos Zelaya López nació en Managua el 31 de octubre de 1853. Hijo del coronel José María Zelaya y doña Juana López. Naciendo en su espíritu el propósito de liberar a su Patria del régimen colonialista de los 30 años conservadores. Regresando divulgó la doctrina liberal, fue electo alcalde de Managua y presidente del Partido Liberal.

Aprovechando las divisiones entre conservadores organizó en León la Revolución Liberal el 11 de julio de 1893, y con repicar de campanas de la Catedral y seguido de miles de liberales salieron derrotando a todos los ejércitos como invencibles centauros, entrando triunfantes a Managua a las ocho de la noche del 25 de julio de ese mismo año, recibidos y aclamados por el pueblo con júbilo.

Ya en el poder cambió la fisonomía de Nicaragua; modernizándola. Fundó escuelas por todas partes, gratuitas y obligatorias para terminar con el analfabetismo, institutos normales, manteniendo las universidades de León y Granada.

Inculcó el respeto a las leyes, con funcionarios probos, los ladrones desaparecieron. Fue un renacer de Nicaragua entrando a la modernidad del siglo XX. Creando la identidad del pueblo nicaragüense como nación. Aumentó ferrocarriles, carreteras, caminos, transporte de vapores… Tuvo auge la agricultura, la artesanía, el comercio. Hubo prosperidad nunca vista. Por estos méritos historiadores, lo consideran lo más grande que ha tenido Nicaragua como Presidente.

Zelaya intervino en Centroamérica porque era unionista, lo consignó en el primer artículo de la Constitución de 1894, llamada la Libérrima decía: “Nicaragua es una sección disgregada de la República de Centroamérica. En consecuencia reconoce como una necesidad primordial volver a la unión con las demás secciones de la República disuelta”. Con este ideal formó con los presidentes de Honduras y El Salvador, Policarpo Bonilla y Rafael Gutiérrez, la República Mayor de Centroamérica que duró dos años (1896-1898), al ser derrocado el presidente salvadoreño por el general regalado.

Zelaya soñaba con una Patria grande, no desmembrada en pequeñas parcelas, sin figuración continental, débil presa de las potencias como ha sucedido. El tratadista de Derecho Internacional Público, Moreno Quintana, al referirse a Centroamérica en este sentido las llama “Las republiquetas de América Central”. Qué vergüenza.

Su nacionalismo lo enfrentó con patriotismo a los Estados Unidos que tenían interés en el canal por Nicaragua y estaban aplicando su política expansionista. Zelaya era una piedra en su zapato y al no ceder a sus condiciones leoninas y derecho de soberanía sobre el canal, decidieron derrocarlo por la Nota Knox, logrando lo que querían con el nuevo gobierno con el indigno Tratado Chamorro- Bryan. Derogado ya de nuevo el liberalismo en el poder por el presidente Anastasio Somoza Debayle.

Zelaya y su liberalismo viven.

Mario Sandoval Aranda

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí