BOGOTA/AFP
El presidente colombiano Alvaro Uribe y su sucesor Juan Manuel Santos, que asumirá el próximo 7 de agosto, guardaban silencio sobre la decisión de Venezuela de romper relaciones, tras las denuncias de que guerrilleros colombianos se refugian en su territorio.
Uribe, quien se encuentra a dos semanas de dejar el poder, llevó ayer ante la Organización de Estados Americanos (OEA) una serie de documentos que probarían la supuesta presencia en Venezuela de importantes jefes de las guerrillas colombianas FARC y ELN, así como decenas de campamentos.
De inmediato, el presidente Hugo Chávez aseveró que en su país se «persigue y hostiga» a la guerrilla y anunció la «ruptura total» de relaciones.
Pero esa decisión no recibió respuesta ni de Uribe ni de Santos, quien en las últimas semanas adelantaba un proceso de acercamiento con el gobierno venezolano y había invitado a Chávez a su toma de posesión.
«Sobre la relación con Venezuela hemos decidido que nuestra mejor contribución es no pronunciarnos, porque el presidente Álvaro Uribe es todavía presidente en funciones hasta el 7 de agosto», dijo Santos desde México.
Al decidir la ruptura, Chávez dejó una puerta abierta a la posibilidad de normalizar las relaciones una vez que Santos sea investido, y expresó su esperanza de que éste «tome cartas racionales en el asunto».
Del lado del actual gobierno colombiano, sólo el vicepresidente Francisco Santos dio una breve declaración, en la que lamentó que «lo irónico es que el gobierno de Venezuela rompe con Colombia y no rompe con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que es lo que debería haber hecho».