Amnesia financiera

Antes, cuando teníamos un problema financiero, endeudarnos era la solución. Hoy la deuda misma se ha transformado en un problema.

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Antes, cuando teníamos un problema financiero, endeudarnos era la solución. Hoy la deuda misma se ha transformado en un problema.

En el mercado financiero existe una responsabilidad compartida, un delicado balance entre la oferta y la demanda; o sea, entre los niveles de crédito que las instituciones financieras están dispuestas a prestar, y los niveles de deuda que las personas están en posibilidades de pagar.

Este balance se rompe si las instituciones financieras prestan más dinero del que una persona puede pagar, o si las personas “se enjaranan” y empiezan a tomar niveles de deuda mayores a su capacidad de pago.

Existen responsabilidades compartidas, por una parte del lado de las instituciones financieras:

1. Responsabilidad social, moral y financiera de no sobreendeudar a las personas.

2. Informar al cliente lo relevante de los costos y condiciones de su préstamo, con claridad y veracidad.

3. Cuidar los efectos de los sistemas de incentivo en su personal, para endeudar más a los clientes y asegurar un sistema que permita un trato justo y equitativo a los mismos.

4. Cobrar tasas de interés razonables, que compensen sus costos, con un margen de ganancia similar al de otras industrias financieras.

“No hay pecado sin pecador”. Del lado de la demanda las personas son responsables moral y financieramente de no endeudarse por encima de lo que sus ingresos (una vez descontados sus gastos), les permiten pagar.

El problema del sobreendeudamiento no es sólo de oferta, sino también de desconocimiento financiero de la demanda.

Las personas tienen una obligación moral y legal de corresponder a la credibilidad que las instituciones financieras depositan en ellas y devolver el dinero que reciben, manteniendo así su historial crediticio “limpio” y el acceso a nuevas oportunidades de financiamiento.

Las instituciones financieras tienen la responsabilidad moral y fiduciaria de informar a sus usuarios del riesgo que podría acarrearles tomar demasiado crédito.

En la práctica las personas son afectadas por las campañas masivas de marketing y publicidad, que las inducen a comprar cosas que no les urgen.

Desarrollamos una gran dependencia de la deuda como parte integrante de nuestras vidas. Deuda de vivienda, deuda de tarjeta de crédito, deuda de consumo, deuda para el vehículo, deuda para el viaje… La vida sin la deuda se nos haría difícil de imaginar. Nos hemos transformado en “deuda dependientes”.

Lo que hay que cambiar es el razonamiento de con qué vamos a pagar esas deudas. Si queremos tener más cosas, debemos crear activos que aumenten nuestros ingresos y nos paguen esos “gustos”, en vez de tomar deudas que hipotequen nuestro futuro financiero por algo que quizás no sea urgente.

El ser humano aprende equivocándose, pero en ocasiones “la memoria es frágil”. Ni bien sentimos que las cosas están bien y volvemos a las “viejas mañas”. La amnesia financiera nos embarga y volvemos a sentir la tentación de comprar y volver a endeudarnos.

Si no cambiamos de sistema, de valores o forma de vida, el futuro financiero que tenemos delante es predecible. ¿Será el siguiente “dolor de cabeza” el momento en que nos concienticemos de las consecuencias de nuestra “amnesia financiera”?


El autor es director de Promifin, programa financiado por la Cooperación Suiza en América Central.

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