Según La Prensa, en el artículo publicado en la sección Domingo del 04 de julio, que es la que se hace la pregunta, “nunca porque está condenada al fracaso mientras estos dirigentes, se refiere a los de la foto que sale en su primera página, Arnoldo Alemán Lacayo y Eduardo Montealegre Rivas, persistan en sus aspiraciones presidenciales.”
Allí está la primera falla de LA PRENSA porque eso equivale a confundir el sebo con la manteca. Pero esa apreciación no se debe a la confusión o a la ignorancia. Más bien se debe a falta de agallas, de aquellas que tenía el Director Mártir, que por desgracia hay que estarlo perturbando en su sueño eterno porque en esta nueva dirigencia de su diario no hay quien salga al frente y diga la verdad tal cual es.
Hay que traer del más allá al líder de las libertades públicas para decirle a todo Nicaragua que el que debe desaparecer de la escena política para siempre y para bien de la patria es el cien veces acusado de corrupción, y además pactar, no al estilo del Dr. Carlos Cuadra Pasos, o del general Emiliano Chamorro Vargas, o del Dr. Fernando Agüero Rocha, que lo hicieron por su partido, pero sin comprometer el futuro de la República, a como lo hizo y lo sigue haciendo el doctor Alemán Lacayo, pacto con características de mafia y como el matrimonio religioso: hasta que la muerte los separe.
La crónica de LA PRENSA lo que nos dice es que ambos deben desaparecer, dando por un hecho que Eduardo Montealegre es tan letal como ha demostrado ser Arnoldo Alemán, por cuya responsabilidad estamos como estamos.
¿Por qué La PRENSA, el diario combativo por excelencia, cae en esas fallas injustas? Sin decir que Eduardo Montealegre es un ángel, sí sabemos, y bien lo sabe LA PRENSA, no es un demonio.
Ciertamente nunca se va a dar la unidad democrática, no por la presencia o los deseos presidencialistas de Eduardo Montealegre, sino por la presencia aberrante de quien ha hecho tanto daño a la Nación prestándose a todos los juegos sucios que el partido en el poder necesite.
La importancia de lo que uno opina es directamente proporcional a la influencia que el que opina tiene sobre los nicaragüenses y como no se duda de la influencia de LA PRENSA sobre los nicaragüenses, es muy grave lo que en su crónica, pie de foto de los dos políticos liberales, dice, que no es otra cosa que se vaya Eduardo para su casa y nos quedemos con el mil veces corrupto Arnoldo Alemán.
La injusticia que se comete con Eduardo Montealegre es repetitiva. Primero lo descalificaron por joven, a pesar del apoyo de la base liberal. Después querían que fuera el vice de José Rizo, personaje afecto a Alemán y por lo tanto sujeto a su influencia. Eduardo parece que aceptó, pero Alemán se opuso. Entonces se fue por su cuenta con el resultado de votos que ya conocemos, solo para que lo acusaran de divisionista, habiendo sido Arnoldo el verdadero divisionista. Ahora, huérfanos de razones aceptables, quieren que él sea el vice del candidato corrupto, a lo que Eduardo contestó con un categórico no. Lo triste del reportaje de LA PRENSA es que insinúa una igualdad moral entre ambos personajes y eso es inaceptable.
Por favor señores, no colaboren con el confusionismo dando a creer que Arnoldo es lo mismo que Eduardo porque no lo es. Arnoldo es un traidor de la democracia al haber pactado de por vida con las fuerzas del orteguismo, por cuya traición estamos a las puertas de la primera dictadura del siglo XXI y Eduardo es un político moderno con sensibilidad social que sintió que llegó la hora de retribuir las bondades y oportunidades que la vida le ofreció.
En unas elecciones en las que Ortega sea el candidato, porque logró la reelección y Arnoldo Alemán sea el candidato de la oposición, resucitan las palabras de Pedro J. Chamorro Cardenal: ¡No hay por quién votar!
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