Los damnificados por el terremoto en Haití aún viven bajo campamentos improvisados a la espera de recuperar su vida normal. LA PRENSA/AP/ALEXANDRE MENEGHINI

Haití casi igual que antes del terremoto

Seis meses después del devastador terremoto que arrasó Haití, aún hay 1.5 millones de personas residiendo en campamentos improvisados, 1.3 millones reciben ayuda alimentaria, y las entidades humanitarias consideran que el proceso de reconstrucción no acabará antes de siete años.

PUERTO PRÍNCIPE/ EFE

Seis meses después del devastador terremoto que arrasó Haití, aún hay 1.5 millones de personas residiendo en campamentos improvisados, 1.3 millones reciben ayuda alimentaria, y las entidades humanitarias consideran que el proceso de reconstrucción no acabará antes de siete años.

Este trágico escenario fue dibujado ayer por las agencias humanitarias de la ONU reunidas en rueda de prensa en Ginebra para hacer balance de lo hecho hasta ahora y de lo mucho que aún queda por hacer.

Lo más acuciante: millón y medio de personas aún viven hacinadas en campamentos improvisados tras el sismo y no tienen visos de poder obtener una residencia mínimamente adecuada.

“Antes del terremoto, el 58 por ciento de la población vivía con menos de dos dólares al día, la catástrofe sucedió en un lugar donde la situación era extremadamente complicada. Ahora debemos hacer las cosas bien, reconstruir de manera lógica, más segura y evitando sobre todo la aparición de barrios de chabolas, como había antes”, expresó Elisabeth Byrs, portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Uno de los aspectos que complica enormemente la tarea es la poca disponibilidad de tierras y el complicado sistema de la propiedad haitiano, según explicó el portavoz de la Organización Mundial de las Migraciones (OIM), Jean Philippe Chauzy.

Volver a los lugares y residencias de origen es casi imposible, dado que la mayoría de los edificios quedaron en ruinas. Se calcula que, a pesar de todo el trabajo realizado, aún quedan 20 millones de metros cúbicos de escombros por limpiar.

El terremoto causó la muerte de 222,570 personas y dejó heridas a 300,572; un 60 por ciento de las infraestructuras del Gobierno fueron destruidas y más de 188,383 casas quedaron inhabitables.

El valor total de las pérdidas asciende a 7,800 millones de dólares, lo que equivale al 120 por ciento del Producto Interior Bruto de Haití en 2009.

El 80 por ciento de las escuelas, 3,978, quedaron dañadas o destruidas; ocho hospitales fueron totalmente destruidos y 22 seriamente dañados, más de la mitad de los existentes en las tres regiones afectadas. Precisamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) especificó que a pesar de todos los retos aún existentes, se ha avanzado enormemente en el área sanitaria.

“De hecho antes del terremoto sólo el 56 por ciento de la población tenía acceso a tratamiento sanitario, y ahora es el 90 por ciento”, especificó Paul Garwood, portavoz de la OMS.

Otro de los aspectos positivos es que no se han detectado signos alarmantes de malnutrición entre la población infantil, aunque el Programa Alimentario Mundial sigue aportando raciones alimenticias diariamente a 1.3 millones de personas.

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COMENTARIOS

  1. Indignado
    Hace 16 años

    Ni cambiará mucho. Demasiada gente; gente inculta y maleducada. Extrema corrupción y oportunismo de todo tipo. Por ahi vamos «en busca de nuevas victorias» en Nicaragua, aunque (todavía) no con los niveles de miseria económica y humana como los haitianos, aunque algunos desadaptados se congratulan sobre «arriba los pobres del mundo», sin hacer nada para que los más pobres dejen de ser miserables al menos. El mismo ciclo de pobreza, el mismo ciclo de violencia. Deprimente, no es asi?

  2. Ay Nicaragua, Nicaragüita
    Hace 16 años

    Oye Indignado tenes toda la razón. Sobre todo, porque la peor de todas las pobrezas, es la pobreza mental, que no tiene que ver, necesariamente, con educación, sino es simple y llanamente «sentido común». Mientras los nicas, no cambiemos nuestra forma de pensar, seguiremos siendo las masas amorfas que los perversos políticos manejan a su antojo.

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