En un ambiente de campaña electoral, bajo el lema “Arnoldo vuelve 2011”, y sin ninguna sorpresa, cerca de mil convencionales del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de todo el país aprobaron una improvisada reforma a los estatutos del partido, para legalizar la candidatura presidencial, “por aclamación”, del ex mandatario Arnoldo Alemán.
La reforma fue necesaria porque la normativa establecía elegir a los candidatos a través de primarias. Pero al no encontrar contendientes entre sus correligionarios, Alemán se convirtió en el único aspirante a la primera magistratura del país y fue necesario incorporar la figura de “candidatura por aclamación”.
Sin embargo, la “aclamación” a lo interno del PLC no beneficia a Alemán ante las demás corrientes liberales, las cuales catalogan al ex mandatario como un candidato que divide.
Tras su “aclamación” en el PLC, la nueva aspiración presidencial de Alemán fue reforzada con la presentación de más de ochenta mil firmas de respaldo a su candidatura.
Luego de declararse un hombre de fe y reiterar su inocencia por los delitos de corrupción por los que fue procesado, Alemán usó su discurso de aceptación para proclamarse triunfador del proceso electoral del 2011 y llamar a una amplia alianza, que incluiría hasta a los disidentes del sandinismo.
Alemán rápidamente soltó una lluvia de promesas, que van desde convertir nuevamente a Nicaragua en el granero de Centroamérica, hasta romper con la “odiosa tradición” de confundir los asuntos del Estado con los del partido, y terminar con el “culto a la personalidad”.
Curiosamente, la convención del PLC se convirtió en un culto a la persona de Alemán y ni siquiera hubo un minuto para recordar a los próceres de la revolución del 11 de julio de 1893, que era lo que ayer celebraban los liberales.
El acto, rebosante de propaganda electoral de Alemán, fue organizado y manejado por su esposa, María Fernanda Flores. Los hijos de la pareja ocuparon un sitio de honor. Las intervenciones de los directivos Jorge Castillo Quant, Francisco Aguirre Sacasa y Wilfredo Navarro, además de reiterar la proclamación de la candidatura, estuvieron cargadas de elogios hacia Alemán y su “mesiánica” intervención en la salvación del país.
Sólo Navarro se desvió del tema por unos minutos para pedir la unidad a los “hermanos del Movimiento Vamos con Eduardo”.
El ambiente se tornó similar al de los actos oficiales del Gobierno y a falta de un cardenal, un pastor evangélico puso a orar a los presentes.
Varios miles de asistentes no lograron abarrotar la Plaza Xolotlán, donde se celebró la convención. Entre los ausentes se contó a los magistrados liberales del Consejo Supremo Electoral (CSE) y varios de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), cuyas sillas de honor se quedaron vacías en espera de su llegada.
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