Diego Forlán simboliza el salto dado por los uruguayos. LA PRENSA/AFP/ RODRIGO ARANGUA

Uruguay elevó su autoestima

Los éxitos de la “Celeste” en el Mundial de Sudáfrica no sólo han puesto a Uruguay otra vez entre los cuatro mejores equipos de futbol del planeta, sino que han permitido al país recuperar y expresar una autoestima y un optimismo olvidados décadas atrás entre crisis económicas, sociales y políticas.

Montevideo/EFE

Los éxitos de la “Celeste” en el Mundial de Sudáfrica no sólo han puesto a Uruguay otra vez entre los cuatro mejores equipos de futbol del planeta, sino que han permitido al país recuperar y expresar una autoestima y un optimismo olvidados décadas atrás entre crisis económicas, sociales y políticas.

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El éxito mundialista simplemente permitió a muchas personas darse cuenta de que Uruguay puede ser, tanto en términos futbolísticos, como de otra índole, un actor importante en el mundo, ser competitivo y ser reconocido como algo honroso.

El éxito de Uruguay satisface el orgullo nacional y eso siempre transforma lo cotidiano: la gente está más feliz, se tratan mejor, los funcionarios son más atentos, hay un mejor talante, en política las críticas son menos virulentas.

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Miles de ciudadanos salieron a las calles de Montevideo al grito de “Uruguay, Uruguay” pese al revés ante Holanda en las semifinales del torneo mundialista, satisfechos y felices por el desempeño del equipo y dejando de lado el proverbial carácter taciturno y humilde de los uruguayos.

Ese inusitado festejo futbolístico también trajo de manifiesto la cada vez mayor percepción entre la gente, de que el país marcha bien en muchos aspectos y de que pese a ser pequeños aún pueden tener un papel importante en el mundo, diluyendo en parte una losa histórica que pesaba desde los años cincuenta.

El gol de Alcides Giggia ante Brasil en Maracaná, con el que Uruguay logró su segundo campeonato del mundo de futbol en 1950, era y es para muchos uruguayos, incluso para algunos que aún no vivían entonces, el símbolo del mejor momento vivido en su historia, donde la gloria deportiva y el éxito económico convivían en el pequeño país sudamericano.

Ese gol también constituye para muchos una suerte de canto del cisne, a partir del cual todo comenzó a ir peor en lo económico, en lo político y en lo futbolístico hasta labrar una imagen de Uruguay como país pequeño y marginal sin muchas posibilidades.

“Lo que parece estar sucediendo con la selección es que aparece un sentimiento de que sí es posible tener una actuación decorosa en distintos contextos internacionales”, explicó el sociólogo de la Universidad Católica, Antonio Pérez.

Según el catedrático, este cambio de sentimientos se circunscribe dentro de un contexto más amplio que comenzó tras la crisis de 2002, cuando el país comenzó a remontar su situación económica, algo que se aceleró en el último quinquenio.

“Aparece una expectativa más abierta hacia el futuro, más positiva. De un “siempre nos va a ir mal” a “un bueno, si hacemos las cosas bien…”, dijo Pérez.

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