Política: ¿El arte de mentir?

La primera definición que da el diccionario de la lengua española de mentir es: decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa. Y es al filósofo francés François Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire (1694-1778), a quien se le atribuye el aforismo de: “la política es el arte de mentir a propósito”. Aquí en Nicaragua, los políticos criollos son reconocidos como expertos en decir y divulgar mentiras. Esto lo prueba que siete de cada diez nicaragüenses desconfíen de cualquiera de los partidos políticos del país, o de los Poderes del Estado en el que éstos tienen representación, según la encuesta nacional más reciente, presentada por M&R Consultores en marzo de este año.

Fotos de LA PRENSA/ Archivo

La primera definición que da el diccionario de la lengua española de mentir es: decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa. Y es al filósofo francés François Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire (1694-1778), a quien se le atribuye el aforismo de: “la política es el arte de mentir a propósito”. Aquí en Nicaragua, los políticos criollos son reconocidos como expertos en decir y divulgar mentiras. Esto lo prueba que siete de cada diez nicaragüenses desconfíen de cualquiera de los partidos políticos del país, o de los Poderes del Estado en el que éstos tienen representación, según la encuesta nacional más reciente, presentada por M&R Consultores en marzo de este año.

¿Por qué mienten los políticos?

El filósofo nicaragüense y ex magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Alejandro Serrano Caldera, cree que la práctica de la mentira en la política criolla se produce y acentúa porque ésta “se ha desligado de la ciudadanía y se ha transformado en el oficio autónomo de un grupo de personas: los políticos, que actúan desligados y a veces en contra del interés colectivo, para atender en cambio sus propios intereses y beneficios”.

Serrano Caldera considera que a diario “hay en la política del país algo detrás del telón, que no es lo que la gente conoce, pero es lo que va a ser”. Él resume esa práctica como la costumbre de “decir lo que no se hace para hacer lo que no se dice. Es decir, la política practicada como encubrimiento o como manipulación”.

“La política ya no se entiende como el arte del bien común, como la llamaba Artistóteles, sino como el arte de lo posible, como la llamaba Maquiavelo”, lamenta Serrano Caldera.

Según él, “si el político no tiene clara la idea y conceptos fundamentales de que la política responde a los intereses de la sociedad —en cualquier lugar que esté: en el Gobierno o en la oposición— ya queda independiente y autónomo de esos intereses y sólo se mueve en la búsqueda de sus propios intereses o beneficios”.

A su juicio, “eso hace que aquí se viva en una incertidumbre total, que no se sepa si lo que se dice ahora mañana se va a hacer, o si mañana se va a hacer lo contrario a lo que se dice o se hizo hoy, como vemos todos los días en Nicaragua”.

Pero para el escritor León Núñez, autor de El Síndrome del Figureo (1999), no hay por qué confundirse en contradicciones. Él no cree que los políticos cambien sus posiciones o sean mentirosos.

“Yo creo que los políticos no cambian. Los políticos no mienten. Los políticos son actores que representan diferentes papeles. Por ejemplo, hay unos que representan hoy un papel y mañana representan otro”, opina Núñez.

“Aquí la política es como un teatro y los políticos son por consiguiente artistas”, compara el autor de la obra citada en la que él aborda con ironía algunos de los principales rasgos de la cultura política del nicaragüense.

Núñez atribuye a esa capacidad “artística” en la política nicaragüense el que haya “unos políticos que hoy representan el papel de opositores al Gobierno y mañana pueden representar el papel de pro Gobierno”. Y él dice que eso no le extraña, pues está convencido de que “en la política nicaragüense las cosas pueden ser y no ser al mismo tiempo, porque aquí no tiene vigencia el principio de contradicción que fue enunciado en la filosofía griega, de que las cosas no pueden ser y no ser al mismo tiempo”.

“La vida política en Nicaragua es como un teatro, y eso ya lo dijo (William) Shakespeare, en el que los artistas interpretan diferentes papeles. Así como en el cine vos ves que hay actores que hacen el papel del malo y de repente en otra película hacen el papel del bueno. Así es esto aquí”, advierte Núñez.

Él agrega que “hay que tener en cuenta que el lenguaje ha perdido todo su valor y la inteligencia ha perdido su prestigio”, de tal manera, continúa, que “el problema de todo esto es que los políticos creen que quienes los escuchamos somos tontos y por eso ellos rayan en el cinismo”.

Cínicos o artistas de la mentira y del engaño, Domingo se dio a la tarea de recopilar algunas de las contradicciones y mentiras más destacadas de algunos de los principales políticos. Ex funcionarios y nuevos designados, dirigentes de partidos o diputados en la Asamblea Nacional. Liberales de cualquier tendencia, conservadores, del Frente Sandinista o de grupos disidentes, todos han dicho alguna mentira confiando en que “quienes los escuchamos somos tontos”, hasta ahora.

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Alejandro Bolaños Davis

Cuando el Consejo Supremo Electoral (CSE) sorprendió al país con la suspensión de la diputación del conservador Alejandro Bolaños Davis, el 27 de junio del 2007, el político anduvo de un medio de comunicación a otro denunciando que esa acción respondía a la molestia del Frente Sandinista por sus denuncias sobre los supuestos casos de extorsión por tierras en el municipio de Tola, en Rivas. “Sospecho que ésta no es una medida jurídica, sino política. Me están pasando la cuenta por denunciar extorsiones, por defender los derechos de los trabajadores y por hacer el trabajo de oposición”, dijo el legislador, que continúo fustigando el pacto entre Arnoldo Alemán y el Frente Sandinista y reclamó cómo Roberto Rivas no cuestionó el cumplimiento de sus requisitos para ser diputado, cuando él presentó su candidatura en el 2006.

Casi tres años después, cuando el CSE anunció —también de sorpresa— su restitución en el cargo, el 19 de mayo reciente, este crítico del pacto aceptó su cargo sin demora y de cuestionar el acuerdo libero-sandinista ha pasado a proponer “darle en la madre al pacto con el PLC (Partido Liberal Constitucionalista) y que se rompa eso, que haya algo nuevo, algo fresco”. Insinuando así un pacto de la oposición con el FSLN para la elección de 25 funcionarios públicos, pero al margen del PLC.

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Luis Benavides

En la víspera del vencimiento de su período como magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE), el liberal Luis Benavides, declaró a LA PRENSA que él dejaría el cargo “el día que debo de entregar. El 14 (de febrero). Más nada (…) me retiro y punto”. Y agregó que su futuro se lo dejaba a Dios. Pero cuatro meses y medio después, el 23 de junio reciente, el ex magistrado regresó al CSE para usurpar su cargo vencido junto al resto de sus colegas, amparado en el segundo párrafo transitorio de la Constitución Política de 1987, que antes criticó.

A los medios oficialistas, Benavides ha dicho que fue Arnoldo Alemán quien lo mandó a usurpar el cargo, pero a los medios críticos ha declarado que su decisión es independiente al PLC. Al conocer de ese regreso, Alemán justificó que Benavides le confesó que “no aguantó lo duro de la calle”. Efectivamente, días antes de su regreso, el ex magistrado reclamó en los medios de comunicación que el CSE no le había pagado su liquidación. Ahora se dice que recibió el pago retroactivo de los cuatro meses que han pasado desde que venció su cargo y que él no los trabajó.

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Nelson Artola

A finales de junio pasado, el presidente del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) y organizador político del Frente Sandinista, Nelson Artola, fue acusado por el (más tarde destituido) alcalde del mismo partido en Ciudad Sandino, Roberto Somoza. Él denunció que Artola estaba promoviendo su destitución del cargo y expulsión del FSLN. Artola llamó a Somoza “traidor”, “indisciplinado” y “corrupto” y se asegura que promovió la investigación por supuestas irregularidades que la Contraloría anunció hasta que ya estaba destituido el Alcalde. Pero en menos de una semana, Artola y Somoza callaron sus insultos y compartieron tarima junto al presidente Daniel Ortega. Somoza aceptó como premio de consolación un cargo en el FISE y Artola declaró que haría un “equipazo con Roberto”, el mismo a quien había insultado.

Así se comenzó a mentir

Alejandro Serrano Caldera, filósofo y escritor, considera que la práctica de la mentira en la política se estableció posterior a la redacción de las primeras Constituciones hechas a partir de las declaraciones de independencia de la colonia española. Dice que quienes redactaron las Constituciones establecieron los principios y valores de las revoluciones europeas: la libertad, la democracia, el Estado de Derecho; pero quienes tomaron el poder fueron los grupos económicos de las localidades, que conservaron para ellos los beneficios que antes tenía la Colonia.

“Ahí inicia —recuerda— esta práctica de decir lo que no se hace (los valores) para hacer lo que no se dice (la corrupción y el beneficio de pocos)”.

Serrano Caldera define la política como el espacio donde debe realizarse el bien común. “Para mí quien ejerce la política, sea desde la oposición o desde el poder, debe hacerlo en nombre de la sociedad. Eso es lo que le da legitimidad y legalidad al quehacer político”, dice.

Agrega que “el poder es una delegación de la sociedad a quien lo ejerce de conformidad a las leyes, que es donde se plasma, de manera normativa, la voluntad colectiva”.

Sin embargo, critica que en Nicaragua hay una inversión de la lógica y de los valores de la política.

“Vemos cotidianamente al poder manipulando la legalidad. Ya no se sigue en Nicaragua el principio de que el poder es lo que dice la ley que es el poder. Aquí eso se ha invertido, porque se ha transformado un sistema de límites al poder, en un instrumento en manos del éste, para tratar de legalizar sus acciones de facto”, advierte.

Para el filósofo, la ruptura con el concepto fundamental de la política promueve la desconfianza en la ciudadanía. “Solamente se entiende por política un juego de manipulaciones, de habilidades no siempre éticamente fundadas, como el arte del más vivo y el que puede obtener más beneficios de este juego y rejuego y se pierde la nobleza del quehacer político”.

En cuestión de mentiras y contradicciones, la bancada de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y los diputados de la Bancada por la Unidad Nicaragüense (BUN) alimentan un récord. Aunque entre una y otra vez sus integrantes se golpean el pecho en señal de culpa y se comprometen a votar con la oposición, sus votos en el parlamento acaban por confirmar su alianza con el Frente Sandinista.

Una de las más recordadas ocurrió cuando en octubre del 2009, el diputado por ALN, Alejandro Ruiz, se abstuvo de votar por la agenda del día en una sesión que buscaba el trámite de la iniciativa para anular las fraudulentas elecciones municipales de 2008, que arrebataron cuarenta alcaldías a la oposición.

El diputado liberal y primer vicepresidente de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, Wilfredo Navarro, a menudo es recordado por su antecedente de traición contra su mentor Virgilio Godoy, del Partido Liberal Independiente (PLI), para pasarse a las filas de Arnoldo Alemán en 1996.

Pero más recientemente, el diputado ha manejado un doble discurso sobre la participación de la sociedad civil en la propuesta para la elección de nuevos funcionarios. Navarro dice que respalda los compromisos para la no reelección de funcionarios públicos y el relevo de estos con personas honestas y capaces. Pero ante la demanda cívica de garantías, el legislador ha respondido que “si quieren decidir a quiénes vamos a elegir que entonces (esos organismos) se hagan partidos políticos, porque no son ellos quienes deciden”.

Entre los liberales, el diputado Enrique Quiñónez también ha cambiado su discurso de uno a otro bando liberal. Primero fue descalificando a Eduardo Montealegre en la campaña de 2006 y ahora reprochando la aspiración presidencial de Arnoldo Alemán para el 2011. b

Juan Obando
Juan Obando: El novato

El vicealcalde liberal de Boaco, Juan Obando, designado por el Consejo Supremo Electoral (CSE) para asumir el cargo de Alcalde del cual destituyeron a su correligionario Hugo Barquero, sostiene que su actitud de suceder a éste responde a las peticiones del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y de Arnoldo Alemán. Pero el partido y su dirigente niegan que ellos le hayan orientado tal acción. ¿Quién de los dos miente?

Ahora sí, ahora no. En abril pasado, el diputado Alejandro Ruiz se comprometió a apoyar el proyecto de nulidad del decreto con el que Daniel Ortega prorrogó el período de los  funcionarios públicos. Pero el día de la votación, se abstuvo y la iniciativa
Daniel Ortega

Durante la campaña electoral del 2006, que le permitió regresar a la Presidencia con un mínimo de votos válidos, Daniel Ortega mantuvo un discurso conciliador. Estados Unidos no era“el yanqui imperialista” ni la Iglesia una retrógrada. Y el Cardenal Miguel Obando y Bravo estaba con él para ser prueba de reconciliación.

“Denme una oportunidad para gobernar en paz”, “mi gobierno será de unidad y reconciliación”, prometió. Pero una vez en la silla presidencial, no hubo tal reconciliación. Estados Unidos volvió a ser el “yanqui imperialista” y los europeos también fueron rebautizados como “neocolonizadores”. Los adversarios volvieron a proliferar como traidores de todo tipo y quienes hoy están con él es porque cedieron a su compra de voluntades, según critica la oposición.

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Arnoldo Alemán

Arnoldo Alemán ganó la Presidencia de la República en 1996 tras una campaña electoral en la que nunca abandonó su duro discurso antisandinista. Por eso muchos no creían que había pactado con Daniel Ortega en el 2000 y otros más condenaron que por ese pacto Ortega regresó al poder siete años después.

Alemán ahora ha retomado su discurso anti-sandinista y anti-danielista, pues en busca de un segundo mandato, no pierde oportunidad para referirse a Ortega como “el dictador”. ¿Quién le cree a Alemán? Las encuestas no le dan cifras optimistas y los políticos que le adversan lo cuestionan sin piedad: recuerdan lo que ha hecho y le llaman, cuando menos, mentiroso o traidor. León Núñez considera que Alemán es “el mejor artista” de la mentira.

Razones para desconfiar

La desconfianza es un  elemento básico en la cultura política del nicaragüense, asegura  Emilio Álvarez Montalván, en su libro que analiza estas características. Entre los factores que destruyen la confianza  en la política cuenta: “Experiencias repetidas con personas que faltaron a su palabra y no recibieron sanción; empleo frecuente de la mentira para esconder acciones punibles; frecuencia de una motivación oculta en palabras y acciones, que más tarde se descubren, e impunidad para aquéllos que transgreden la ley”.

Reasumir la política

“Aunque parezca una utopía, hay que reasumir el origen de la política: la participación de todos en la búsqueda del bien colectivo (…). Mientras no se restituya la política a sus orígenes y naturaleza real, el político desvinculado de la ciudadanía hará lo que considere y la ciudadanía desencantada e irritada,  va a descalificar a la política en general”, advierte el filósofo Alejandro Serrano Caldera. Para él “el problema estriba en esa ruptura” y para superarla insiste en que urge un proyecto de nación tripartito: entre el poder, los partidos políticos y la ciudadanía.

Ahora sí, ahora no. En abril pasado, el diputado Alejandro Ruiz se comprometió a apoyar el proyecto de nulidad del decreto con el que Daniel Ortega prorrogó el período de los  funcionarios públicos. Pero el día de la votación, se abstuvo y la iniciativa
“Decir lo que no se hace para hacer lo que no se dice”

En cuestión de mentiras y contradicciones, la bancada de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y los diputados de la Bancada por la Unidad Nicaragüense (BUN) alimentan un récord. Aunque entre una y otra  vez sus integrantes se golpean el pecho en señal de culpa y se comprometen a votar con la oposición, sus votos en el parlamento acaban por confirmar su alianza con el Frente Sandinista.

Una de las más recordadas ocurrió cuando en octubre del 2009, el diputado por ALN, Alejandro Ruiz, se abstuvo de votar por la agenda del día en una sesión que buscaba el trámite de la iniciativa para anular las fraudulentas elecciones municipales de 2008, que arrebataron cuarenta alcaldías a la oposición.

El diputado liberal y primer vicepresidente de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, Wilfredo Navarro, a menudo es recordado por su antecedente de traición contra su mentor Virgilio Godoy, del Partido Liberal Independiente (PLI), para pasarse a las filas de Arnoldo Alemán en 1996.

Pero más recientemente, el diputado ha manejado un doble discurso sobre la participación de la sociedad civil en la propuesta para la elección de nuevos funcionarios. Navarro dice que respalda los compromisos  para la no reelección de funcionarios públicos y el relevo de estos con personas honestas y capaces. Pero ante la demanda cívica de garantías, el legislador ha respondido que “si quieren decidir a quiénes vamos a elegir que entonces (esos organismos) se hagan partidos políticos, porque no son ellos quienes deciden”.

Entre los liberales, el diputado Enrique Quiñónez también ha cambiado su discurso de uno a otro bando liberal. Primero fue descalificando  a Eduardo Montealegre en la campaña de 2006 y ahora reprochando la aspiración presidencial de Arnoldo Alemán para el 2011.

Ver en la versión impresa las paginas: 9, 10, 11, 12

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