Berlín/EFE
El pulpo “Paul” ha arrebatado el protagonismo en esta última fase del Mundial 2010 a las vuvuzelas como símbolo armónico, silencioso e individual, alternativa al estruendo de las trompetas multicolor, pese a que al parecer le quedan dos avemarías y que hasta ahora no disfrutó de vida sexual.
En internet circulan ya propuestas para utilizar su talento para resolver elecciones nacionales.
Es más económico alimentar un pulpo que una campaña electoral, argumentan.
Pulpocracia en lugar de democracia. A ello dedica Berliner Zeitung» su chiste, con una Angela Merkel preguntando al juicio soberano de Paul si su gobierno aguantará toda la legislatura.
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El multitalentoso pulpo del acuario de Oberhausen es la estrella mediática por excelencia con su hasta ahora inmaculado cómputo de aciertos en este Mundial: seis, a la espera de lo que ocurra en sus dos últimos partidos, Alemania-Uruguay, más la final España-Holanda.
Serán sus dos últimas ocasiones de consolidarse —o no— como oráculo infalible, puesto que como ejemplar de cefalópodo de dos años y medio su esperanza de vida —tres años, según el popular “Bild”— no alcanzará para verlo actuar en el torneo en Brasil.
Acabe o no prematuramente en una sartén o secuestrado, como se aventuró visto la altísima proporción de descontentos con su talento —las aficiones desengañadas por su pronóstico—, no estará de servicio en 2014, salvo que burle a la naturaleza.
Habrá vivido una gloria planetaria sin precedentes en el mundo animal, ya que su actuación, ayer, fue difundida por 600 cadenas de TV, incluida la transmisión en formato Breaking News por la CNN.
Pero será, por razones de edad, una notoriedad efímera, para un ejemplar nacido en aguas inglesas y trasladado a su actual hábitat de la Cuenca del Ruhr dos años y medio atrás, en los que, según sus biógrafos del “Bild”, no ha tenido hasta ahora vida sexual.
Tiene garantizados múltiples continuadores —desde zoológicos de todo el mundo se reportaron ya sucedáneos en versión cocodrilo, periquito o pulpo hembra, de éxito hasta ahora no comprobado—.
“Paul” dejó de ser hace rato patrimonio alemán, pese a que hasta ayer se le había empleado únicamente para los resultados de la “Mannschaft”.
De 700 gramos de peso, dotado con nueve cerebros —como todos los de su especie, uno rector de la cabeza y el resto repartidos entre los tentáculos— y tres corazones, no tiene el éxito garantizado para la final, han advertido desde el Sea Life de Oberhausen, su acuario.
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