Carles Puyol (5) fue una gran figura dentro del equipo del Bacelona. LA PRENSA/AFP/CARL DE SOUZA

España brindó recital

España alcanzó la final del Mundial 2010 al derrotar a Alemania (1-0), el mismo resultado en la reedición de la final de la Eurocopa 2008, en esta ocasión con un tanto de furia de Carlos Puyol, que premió un recital de futbol de una selección que vive el momento más dulce de su historia.

 

Sudáfrica/EFE

 

España alcanzó la final del Mundial 2010 al derrotar a Alemania (1-0), el mismo resultado en la reedición de la final de la Eurocopa 2008, en esta ocasión con un tanto de furia de Carlos Puyol, que premió un recital de futbol de una selección que vive el momento más dulce de su historia.

El Mundial de Sudáfrica ha premiado al futbol de equipo por encima de las individualidades. Selecciones marcadas por un líder están en casa. En épocas en las que el físico se impone, España y Alemania son una oda al futbol. Un ejemplo de calidad, brillantez compartida en las dos selecciones del momento en el mundo.

Se plantó España con la columna vertebral del club azulgrana. Hasta siete jugadores en el equipo titular. Tenía la Roja reservado su mejor futbol para la cita más importante de su historia. Era la primera vez en todo el Mundial que se medía a un rival que hablaba su idioma. Que saldría con las mismas armas.

El inicio fue una declaración de intenciones. Exhibió el futbol que cambió el rumbo de España desde hace dos años. Con Pedro, la apuesta de Del Bosque, clave con su movilidad entre líneas y tapando las subidas de Lahm. Minimizó a Alemania con toque, encerrándola en su terreno. Asociándose en paredes con una exhibición de calidad a la que sólo le faltaba el gol.

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Siempre jugó España mejor con cinco jugadores partiendo del centro del campo. Todo sistema tiene ventajas e inconvenientes. Lo malo fue la ausencia de remate en los centros de los laterales desde las bandas. Sergio Ramos y Capdevila no encontraron a nadie. Con Villa y la llegada desde segunda línea de Pedro, Xavi e Iniesta, faltaban centímetros ante las torres germanas. Corrían detrás de sombras los futbolistas alemanes.

En el torneo, repleto de brillantez, no estaban acostumbrados. El toque generaba espacios y los desmarques ocasiones. Un pase en profundidad de Pedro a Villa provocó la primera clara. Lanzándose al suelo remató al cuerpo de Neuer, rápido en su salida.

Se vio obligada a jugar al contraataque Alemania, con puñales como Özil y Podolski, balones cruzados a la movilidad de su goleador, Klose.

Carles Puyol rescató su mejor versión. Inconmensurable. Tuvo el gol en una acción ensayada. El centro medido de Iniesta lo remató en plancha por encima del travesaño. A días de anunciar su adiós en la selección, su momento estaba por llegar.

Alemania tenía el susto en el cuerpo. Se veía superada por primera vez en el Mundial, pero España no remataba su dominio. Los disparos de Ramos y Xabi Alonso no encontraban puerta, Iker Casillas mostraba su fuerza por arriba en acciones a balón parado con las que despertó la selección teutona.

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Trochowski lo plasmaba con un latigazo ante el que voló el capitán de la Roja y lo sacó con la manopla izquierda. Fue la tónica en el cierre del primer acto.

La rapidez alemana pilló descolocada a la zaga, por una mala anticipación de Puyol, y con superioridad en la contra la acción acabó con Özil derribado dentro del área por Ramos. El árbitro no vio penalti.

El duelo no empequeñeció en la reanudación. Cada selección con sus armas. España con el dominio y la calidad. Alemania con capacidad de sufrimiento y oleadas ofensivas en minutos de asedio. La brillantez. La Roja había tumbado al equipo que mejor juego había mostrado en el Mundial para vivir su primera final. Será ante Holanda. El éxito ya está firmado.

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