ERASMIA/Sudáfrica/AFP
Hay alegría en la “Mannschaft” que apeó del Mundial a Inglaterra y a Argentina para ahora desafiar a España, mañana en las semifinales del Mundial de Futbol 2010, algo que se traduce en el atractivo juego desplegado en la cancha y el bienestar en la concentración.
Joachim Löw es un “hacedor” de milagros. Ha logrado armar un equipo que juega de manera alegre, que ataca con contundencia a pesar del tradicional rigor defensivo, pero con una excelente condición física y un frío realismo.
El sábado pasado, en cuartos de final, cuando Argentina se inclinó ante el segundo gol germano en el minuto 68, en lugar de especular con el resultado, el equipo continuó practicando el mismo estilo de juego para terminar en goleada.
“Este equipo es increíblemente orgulloso”, lanzó Löw, casi sorprendido, tras el triunfo ante la albiceleste.
- El seleccionador alemán Joachim Low asegura que no es supersticioso, pero por si acaso contra España mañana volverá a vestir el jersey azul de casimir que ha venido llevando en los pasados juegos.
- Goles ha anotado el alemán Miroslav klose, quien está a un tanto de los 15 que acumula Ronaldo
El jersey, valorado en 300 euros, forma parte del uniforme de la selección y se ha convertido en una seña de identidad.
Para no ser supersticioso, a Low le van bastante los amuletos. A sus jugadores les regaló, junto con Oliver Bierhoff, un brazalete que llevan todos en la muñeca.
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A su llegada a Sudáfrica, Alemania traía aún en su equipaje algunas interrogantes, sobre todo a causa de la ausencia por lesión de su capitán Michael Ballack, y la falta de experiencia de algunos jugadores como Neuer, Müller, Özil, Khedira y Boateng, todos con menos de 10 selecciones en su haber.
Pero, en las concentraciones previas en Sicilia y Alto Adigio, así como tras las puertas cerradas a la prensa en su hotel de Erasmia, cerca de Pretoria, el grupo descubrió una ambición común y un modo de funcionamiento, resumidos por el armador de juego Mesut Ozil como la “despreocupación concentrada”.
Todo ha sido mérito de Low y sus adjuntos que, apoyados por un psicólogo, han brindado mucho entusiasmo a estos novatos que aportaron “aire nuevo” con sus cualidades técnicas, como lo reconociera el veterano artillero Miroslav Klose, con tres Mundiales ya disputados.
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En la cancha y en los vestuarios, Thomas Müller, suspendido para el duelo con España, es la encarnación de este nuevo estado de ánimo: tras disputar su primera temporada en la Bundesliga y su primer Mundial, tanto le da enfrentar a rivales como el inglés John Terry y el argentino Lionel Messi, como bromear con una cerveza en la mano con la canciller alemana Angela Merkel, tras la victoria ante los albicelestes (4-0).
“Este equipo no cree que las cosas puedan darse de vuelta, por lo que debe aprovechar para llegar al final”, dice por su parte el ex arquero Oliver Kahn, otrora amo y señor de la “Mannschaft”.
Löw, que apartó del equipo a pesos pesados como Torsten Frings o Kevin Kuranyi, sabe que los suplentes no hacen regalos a los titulares en los entrenamientos, esos “picados” que organiza en terrenos reducidos para automatizar los pases y la gestión de los espacios por parte de sus pupilos.

La “Nationalmannschaft” se encuentra en una nube, pero mantiene los pies sobre la Tierra. Los “mayores”, como el capitán Philipp Lahm, de 26 años, Bastian Schweinsteiger, de 25, o Per Mertesacker, también de 25, no tienen el menor problema de comunicación con los más jóvenes y comparten tanto valores como pasiones, los juegos de vídeo y las salidas por los alrededores del hotel.
Todos están muy lejos de aquellas crispaciones que generaba en ocasiones Ballack, aislado durante la Eurocopa 2008, o de querellas internas de egos y rebeliones contra su entrenador.
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