Por Wendy Álvarez Hidalgo y Lucía Navas
La reducida inversión en educación y salud, la pobre disponibilidad de infraestructura básica y la mala calidad de los servicios básicos, más el abandono y rezago de la agricultura, son algunos factores que mantienen a Nicaragua estancada en la lucha por reducir la pobreza, coincidieron ayer empresarios, sindicalistas y economistas.
A esa situación se suma la desigualdad en la carga fiscal y la distribución de las riquezas, condiciones que impiden que Nicaragua crezca a niveles mayores del siete por ciento.
El economista Adolfo Acevedo señaló que, si bien Nicaragua tiene una alta tasa de inversión privada, el problema es que ésta “se ha concentrado en gran medida en los denominados ‘sectores dinámicos’ (turismo, maquila, minería), los cuales, sin embargo, no muestran grandes encadenamientos con el resto de la economía y por tanto no aportan mucho al valor agregado, es decir al Producto Interno Bruto (PIB)”.
Acevedo considera que el sector agropecuario en los últimos años ha repuntado, empujado principalmente por las exportaciones, pero ese dinamismo es incongruente con los serios problemas que enfrenta el sector en temas de acceso a los recursos financieros para modernizarse, intensificarse y diversificarse, lo que daría paso a una agroindustria moderna.
Basado en el método oficial de reducción de la pobreza, Acevedo señala que en Nicaragua la pobreza pasó de afectar al 53 por ciento de la población en 1993 al 46 por ciento en 2005.
La pobreza extrema se habría reducido en ese mismo período de 19 por ciento a 15 por ciento de la población, en su mayoría de las zonas rurales.
“La agricultura y las zonas rurales han sido objeto de un gran abandono”, apuntó.
Acevedo señaló que Nicaragua debe avanzar con una mayor inversión en capital humano, en infraestructura básica y “en la capacidad nacional de asimilar, adaptar y desarrollar el conocimiento y la tecnología”, para empezar a disminuir la pobreza.
Además, el Banco de Fomento tiene que enfocar su esfuerzo financiero en apoyar a los productores a modernizarse y desarrollar cadenas de valor en la agricultura.
INVERSIÓN ES INSUFICIENTE
Para el economista René Vallecillo, el problema se percibe en que, si bien la inversión crece 20 por ciento per cápita, no provoca un empuje suficiente para que la economía crezca a ritmo de 5 ó 6 por ciento del PIB, necesario para que los niveles de pobreza disminuyan.
Según Vallecillo, Nicaragua necesitaría tener una tasa de inversión superior al 30 por ciento para conseguir un crecimiento económico mayor, porque mientras siga siendo menor “no se conseguirá ir a la par de la tasa de crecimiento poblacional, que sí es del 3 por ciento, y es precisamente entonces por lo que somos más pobres cada año”.
En su opinión, mientras el país siga atado a crisis políticas, fraudes electorales, irrespeto al Estado de Derecho y la institucionalidad, muy poco se podrá avanzar.
OTRO TIPO DE INVERSIÓN
Vallecillo considera que se debe revisar el tipo de inversión que se atrae, porque si ofrece empleos para mano de obra barata, sin dejar mayor valor agregado, tampoco habrá avances en el desarrollo del país.
“Se está recibiendo zonas francas y proyectos energéticos y, si bien tienen un contenido de mano de obra, tampoco es intensivo para hacer bajar los índices de desempleo. Además, la inversión pública es otro problema, porque registra una alta subejecución, anda por menos del 25 por ciento, significa que no estamos atacando con eficiencia la pobreza”, señaló.
Aunque la zona franca es uno de los sectores con mayor generación de empleos, ésta recibe fuertes críticas porque ofrece mano de obra barata y no deja valor agregado que contribuya a mejorar los niveles de vida de quienes son empleados.
Dean García, director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de la Industria Textil y de Confección (Anitec), opina que debe primero analizarse si el efecto de un solo sector, como el de zona franca, es suficiente para empujar el fortalecimiento de los otros sectores y con ello del crecimiento económico.
“No es exacto decir que no se está dejando valor agregado, porque la nueva inversión que está llegando está transfiriendo tecnología y significa tecnificación de la mano de obra. Además, no se debe olvidar que una sola empresa con su planilla inyecta 5 millones de dólares al año, que se dirigen al consumo, pero también están los aportes al Seguro Social, al Inatec, que igual son fondos que van al movimiento de la economía”, refutó García.
Reconoció que, aunque este año ya se han confirmado 800 millones de dólares con nuevas empresas, “todavía no están dando el impacto que quisiéramos, como es alcanzar la cifra de los mil millones de dólares que percibimos en el 2007”.
CARGA FISCAL ES DESIGUAL
El representante del Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), Luis Barbosa, culpó a la empresa privada por el rezago en pobreza que tiene Nicaragua, porque considera que el sector privado se niega a mejorar las condiciones de los trabajadores.
Recordó que el 60 por ciento de las personas económicamente activas se encuentran en el empleo informal, calificado como “precario, sin acceso a todas sus prestaciones sociales”.
Además, demandó una nueva ley fiscal, que distribuya de manera equitativa la carga tributaria. “El que tiene más que pague más. La mayor carga está recayendo en los trabajadores”, añadió.
Pero el presidente de la Cámara de la Construcción, Mario Zelaya, refutó el planteamiento de Barbosa al señalar que los trabajadores deben mejorar su nivel de productividad para empujar el crecimiento económico.
Recordó que a nivel mundial Nicaragua es uno de los países menos competitivos en comparación al resto de países de Centroamérica.
El representante del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gabriel Di Bella, llamó esta semana a los nicaragüenses a preguntarse por qué el país no avanza en la reducción de la pobreza.
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