Por Martín Eula
Pretoria, Sudáfrica
Hace frío y estoy lejos … ¿Qué se puede hacer en cinco horas de espera para una nota con Maradona en una carpa de prensa?
¿Qué se puede hacer si los guardias de seguridad empiezan a apagar las estufas y quieren irse y el frío pega por todos los costados y no entienden que lo pautado para las 20.30 se flexibiliza hasta las 23.00?
Detrás de ese escenario donde el mundo ve a dos jugadores en conferencia, hay tres boxes para notas individuales. Ahí son camuflados los enviados de Olé, La Nación, Sport de España y el Ruggeri entrevistador.
Y ahí, en esa espera congelada y eterna, se ven un par de sillones para unas 20 personas, a periodistas escribiendo en el suelo, a esos guardias llevarse gaseosa, al Cabezón contando anécdotas y a alguien que se le ocurre pedir pizza.
Un compañero, quien se iba, es el enviado. De pronto, y tras superar tres vallados de seguridad (dos porciones quedaron en el camino), las pizzas llegan. “¿Y no había fainá?”, pregunta alguien. Era demasiado. La panza se llena, las porciones sirven para levantar la temperatura y en medio de la noche, aparece Maradona…
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