Enviada Especial/ Johannesburgo
Las lágrimas y la decepción fueron las caras de la barra italiana que lamentó su eliminación de la Copa del Mundo a manos de Eslovaquia.
Anoche en el Ellis Park, los “azurris” perdieron 3-2 ante los eslovenos y se despiden de la corona que conquistaron en aquella noche de verano en julio de 2006 en Berlín, cuando fueron Campeones del Mundo. Los eslovacos sentenciaron a los italianos y el pase a los octavos de final de esta competición.
Las graderías se pintaron de “azurris” en el colosal estadio y un pequeño, pero bullicioso grupo de eslovacos agitaba las banderas sin cesar, mientras que la sensualidad de las italianas acaparaba las cámaras.
Era el momento de iniciar el partido. En la banca estaba Gianluigi Bufon y Andrea Pirlo, mientras el estratega Marcelo Lippi daba las instrucciones.
Las tribunas empezaron a agitarse y Antonio Di Natale empezaba a dar el suspenso, luego que disparó al marco, pero el tiro le salía desviado.
Vicenzo Inquita maniobraba con el esférico y las miradas estaban clavadas en él, pero la intención no fue suficiente, el disparo era controlado por el guardametas Jan Mucha.
Miroslav Stoch era el hombre orquesta de Eslovaquia, anunció la primera entrada por la vía del tiro libre, pero el arquero Federico Marchetti salvaba a los italianos.
Eslovaquia respondía y dejó en el silencio a los italianos, luego que Daniele de Rossi, perdiera el balón y Juraj Kucka habilitara a Robert Vittek para darle a los eslovacos la primera razón para soñar con los octavos.
La gente eslovaca saltaba y sonaba las vuvuzelas con mayor fuerza, anunciando la ventaja, mientras Lippi se lamentaba junto a Prilo y Bufón desde el banquillo.
Los rostros de la afición azurri lo decía todo, una niña de unos 6 años que tenía pintada en su mejía la bandera italiana, estaba enojada, le decía a su papá que estaba al lado: “Vamos perdiendo, no es justo”.
El público se levantó cuando anunciaron la entrada esperada de Andrea Prilo, pero el mediocampista no logró hacer mucho en la cancha, el brillo de aquel as fue opacado por la excelente demostración defensiva de los eslovacos.
Para la segunda mitad, las lágrimas estaban a punto de rodar en los rostros de los fanáticos italianos, luego que Vittek volviera a ser el verdugo que los sentenciara a perder.
Sin embargo, una esperanza llegó a la afición. Di Natale resucitó al equipo con el descuento a los 81 y aquella fanaticada callada empezó a sonar las trompetas nuevamente.
La respuesta de los eslovacos no pudo ser más cruel, el recién ingresado Kamil Kopunek marcó el tercero, una anotación que hizo eco hasta tierras italianas, anunciando que Italia se despedía de la Copa.
Fabio Quagliarrella pudo marcar en el tiempo de compensación, pero era demasiado tarde, Eslovaquia se clasificaba a la siguiente ronda y junto a su barra exclamó por toda Sudáfrica el triunfo frente a la que fue una vez Campeona del Mundo.
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