ZONA DE GOOOL
Edgard Rodríguez C.
Mientras Uruguay se iba al frente, anotaba y luego se dedicaba a proteger la ventaja con especial esmero, hasta anular cualquier esfuerzo de México, Francia quedó en el camino como el colofón a una desastrosa etapa en la que tuvo los más inesperados sobresaltos.
De hecho, los bandazos no son cosa nueva para los franceses. Después de quedar fuera de el Mundial de EE. UU. en 1994, se coronaron campeones cuatro años después ante su público, con Zinedine Zidane al frente de un plantel eficiente y seductor.
Fue un gran desempeño para una tropa, que además de Zidane contó con figuras como Thuram, Petit, Deschamps, Karembeu y Desailly, la que tras una gran campaña a través de todo el torneo superó 3-0 a Brasil en la final, ante 75 mil personas en Saint Denis.
Pero cuatro años más tarde, sufrió una terrible humillación, cuando fue incapaz de hacer algo en defensa del título durante el Mundial de Corea-Japón en 2002. No sólo se fue sin victoria, sino que no anotó gol, a pesar de contar con sus estrellas.
Vino entonces el Mundial de Alemania en 2006 y llegaron a disputar el título ante Italia. Y tenían grandes posibilidades de imponerse, al menos eso se pensó, hasta que Zidane le dio el tristemente célebre cabezazo a Materazzi, e hizo falta después a la hora de los penales.
Ahora, desde el subcampeonato, se han desplomado una vez más. Han quedado fuera del Mundial sin siquiera una victoria. Y lo peor, han dejado una terrible imagen como equipo, como institución, que podría tomarles buen tiempo restituirla.
Francia tiene que ser la gran decepción del Mundial. Olvidémonos de la salida de los sudafricanos. Eso es normal. Sudáfrica no tiene peso en el futbol mundial. Francia en cambio, hasta campeón ha sido. Pero ahora sale por jugar mal y comportarse peor.
Es que lo que comienza mal, termina mal. Francia clasificó de arrastrada y hasta con la “ayuda” de una mano de Thierry Henry en el duelo crucial ante Irlanda. Y una vez dentro del Mundial, prevaleció la mezquindad individual, por encima de los intereses del club.
Un técnico puede equivocarse y situar a un jugador en un rol que probablemente no le guste al jugador, pero la obligación de éste es obedecer y desempeñarse del mejor modo posible. Anelka no jugó bien, fue indisciplinado y para remate irrespetó al entrenador.
Tanto Anelka como el entrenador Domenech están fuera, como la mayoría de jugadores franceses que llegaron a arrastrar la bandera de su país en Sudáfrica. Y pensar que a Francia se le vio como un favorito, pero ha sido la gran decepción.
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