Los fanáticos españoles dominaron en las graderías del Ellis Park, ayer ante Honduras. LA PRENSA/LOANNY PICADO

Villa prendió las tribunas

Las vuvuzelas empezaron a sonar sin parar, los flashes iluminaban aún más el estadio y el árbitro central dio inicio a los 90 minutos del duelo. Uno de los dos titanes caería en el Ellis Park.

Enviada Especial/ Johannesburgo

 

La orquesta española puso a bailar a la barra anoche en el Ellis Park, luego que David Villa le diera el triunfo 2-0 ante Honduras, en un partido que suscitaba la historia de aquel encuentro mundialista de 1982.

Las vuvuzelas empezaron a sonar sin parar, los flashes iluminaban aún más el estadio y el árbitro central dio inicio a los 90 minutos del duelo. Uno de los dos titanes caería en el Ellis Park.

“¡España, España!”, anunciaban los aficionados españoles, al compás del tambor.

Fernando Torres hacía el primer disparo a puerta y con la acción gritó la barra española de la emoción, pero era falsa alarma, la pelota pasó cerca del poste derecho.

También David Villa dejó sin aliento a los hondureños, luego que intentó de media distancia, el esférico pegó en el poste.

“¡Yo soy español, español, yo soy español, español!”, respondía la barra de la Roja ante la provocación ingenua de los catrachos.

Entre Martínez y David Suazo entusiasmaron a la afición catracha, llegando al área de los españoles, pero Iker Casillas entraba en acción y mantuvo todo bajo control.

Al minuto 17, el Ellis Park tembló por los gritos de gol. Momentos después del intento de Honduras, “El Guaje” Villa se movilizó por el costado izquierdo, quebrando al defensa y logró colar de manera diagonal en la portería de Noel Valladares. Villa no dudó en celebrar con la barra, se fue a la esquina del corner y también exclamó su brillante anotación.

Una barra humana se levantó de manera sincronizada, temblaba la tribuna, aún se celebraba el gol de Villa y los catrachos se quedaron inmóviles en sus asientos.

 

Ramos centraba para Torres y éste se perdía el segundo tanto de España, lo lamentó la barra en el estadio y Vicente del Bosque desde el banquillo técnico, mientras Reynaldo Rueda de Honduras arrugaba la cara entre los furioso e impotente.

La Roja española bailaba a su compás, pero su atacante principal, Torres, no encontraba el marco, al “Niño” le faltó efecto, pero allí estaba nuevamente Villa.

Recién empezados los primeros minutos del segundo tiempo, “El Guaje” volvía a responder y a encandilar a las graderías.

“¡Villa, Villa, Maravilla!” Decían en coro unos fanáticos que vestían con los colores de la bandera española, uno de ellos alzaba una bufanda que decía: “Orgulloso de ser español”.

Desde la zona del palco estaba Bora Milutinovic, ex entrenador de los catrachos, sólo se miraba fijamente, quizás recordando su faceta como entrenador de Honduras.

Pero la realidad era otra. En el banquillo estaba Rueda sufriendo y junto a él una barra que, a pesar del dominio español, nunca paró de cantar y sonar esas trompetas para apoyar de una u otra manera a la selección hondureña.

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Villa se comía a los defensores, en una lección táctica que el público lo disfrutó a plenitud. La tropa de Vicente era una orquesta que, a pesar de que tuvo desafinaciones, logró obtener un triunfo necesario, mientras Honduras no tiene esperanzas de clasificar a los octavos.

“Fue bueno verlos otra vez en el Mundial, nos queda un juego para completar nuestra participación, esperamos hacerlo a la altura”, dijo un fanático catracho al concluir el partido.

Mientras los hondureños se lamentaban, España celebraba, David Villa les daba una razón para festejar. “El Guaje” los hizo reír y cantar, pero sobre todo les da esperanza de ver a La Roja pasar a los octavos de final.

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