Enviada especial/ Johannesburgo
Beauty, así se llama una de las señoras de limpieza del hotel donde me hospedo. Ella vive en uno de los barrios más populares de Johannesgurbo, el Hillbrow, conocido en las noticias como una de las zonas rojas de esta ciudad de Sudáfrica.
“Los noticieros exageran demasiado, Hillbrow es un barrio tranquilo, tiene sus riesgos como cualquier lugar del mundo, he vivido allí por más de diez años y no me ha pasado nada, incluso de noche”, explica.
- En el barrio Hillbrow se encuentra todo tipo de gente, pero sin duda la familia de Beauty representa la honradez y amabilidad de los sudafricanos, sin importar su estatus social.
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Amablemente Beauty me invita a cenar a su casa en el barrio Hillbrow, una manera cortés que tienen los sudafricanos para mostrar su hospitalidad y amabilidad, ahora que son anfitriones en la Copa del Mundo. A dicha invitación acepté de inmediato, pero advierte: “Mejor deja la cámara y tu computador, eso llama mucho la atención”, dice y no dudo en aceptar el consejo.
Son casi las 8:00 de la noche y entramos al Hillbrow, toda aquella ciudad con edificios y centro comerciales de lujo había quedado atrás, sólo basta cruzar el puente de Nelson Mandela, para entrar al otro mundo sudafricano.
En la entrada se colocaban una serie de mujeres que con escotes y ropa exótica esperaban a sus primeros clientes. Frente a ellas, había un edificio acabado por los años, donde algunas personas vendían frutas y otras mercancías.
“No te preocupes, esto es así todos los días”, decía Beauty.

Hillbrow es un barrio de gente negra, allí vive la clase trabajadora y quizás uno de los sectores más pobres de Johannesburgo. Se encuentra justo al norte del colosal estadio Ellis Park.
La Policía ronda mucho el barrio por la noche, conté alrededor de 5 unidades en el camino hacía la casa de Beauty.
“Could you be loved, and be loved”, la famosa canción de Bob Marley se escucha en el Fest, un billar muy popular del Hillbrow, donde se respira a cigarrillos y la cerveza es la bebida oficial.
“Es muy popular este lugar, siempre está lleno”, comenta mi guía, Beauty.
La noche cae sobre el Hillbrow como una especie de apertura para distintas actividades, desde fiestas, trabajo nocturno y para otros como la familia de Beauty, el momento de compartir juntos.
Una casa muy humilde, deteriorada por los climas extremos de Sudáfrica es donde vive Beauty. Amablemente la familia tenía una cena especial por la invitada.
Beauty tiene dos hijos, ambos trabajan en un restaurante y asisten a la escuela sabatina. Su esposo, Glories, trabaja en una textilera y entre los cuatro ayudan a mantener una vida básica.
“Por lo menos en esta casa, nunca nos falta la comida. Por eso damos gracias a Dios todos los días”, dice Glories.
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