REDACCIÓN CENTRAL.- El Teatro Nacional Rubén Darío abrió sus puertas ayer para acoger en su seno a su preciada Flor del Sacuanjoche , la querida maestra Nina Moreno, madre del ramillete del Ballet Folclórico de su mismo nombre, que por tantos años adornó primorosamente cada función en la Sala Mayor.
Convirtiendo el Salón Lobby en una capilla artística, su urna se vio ataviada por la presencia inmediata de sus seres queridos, amigos, colegas, pupilos y seguidores, quienes sin programa alguno fueron testigos del respeto ofrecido en tributo a la maestra “Nina”, como se le conoce en los pasillos del teatro.
El maestro Ramón Rodríguez, director de Camerata Bach y del Teatro Nacional Rubén Darío, tomó la palabra sumándose al dolor de la familia y recordó que gracias a la perseverancia y tesón, la maestra Nina siempre salió adelante ante las dificultades como una fiel defensora de la tradición.
“Una valiente mujer en su género. Ha sido de las pocas personas que se atrevieron a incursionar con aplomo en la tradición y pasión, como ella lo ha demostrado a través de sus generaciones de bailarines”, exaltó el maestro Rodríguez.
En la escena, no había más tristeza. Mientras desfilaban el Ballet Folclórico Haydeé Palacios, Ballet Folclórico Zinica, liderado por el profesor Xavier Bermúdez, el Grupo Musical Camilo Zapata, el Ballet Folclórico Quetzaltnáhuatl, el conjunto folclórico Siempre Sacuanjoche, semillero de la maestra Nina, la marimba de Pedro Muñoz, de Masaya, y el Ballet Folclórico Macehuatl, los presentes compartían la dicha de haberla conocido humana y artísticamente.
El profesor Manuel Sánchez lamentó su partida, ya que deja un vacío muy importante en el arte de la danza nicaragüense.
La folclorista y reconocida maestra Irene López realzó la labor de esta luchadora como toda una precursora de nuestras tradiciones, por mantener la danza dentro de sus contextos originales.
Por su parte el maestro Ronald Abud Vivas, director del Ballet Folclórico Nicaragüense, enalteció el trabajo de Nina asegurando que su mérito y grandeza radica en la docencia consagrando su ilustre trabajo a la enseñanza artística en Nicaragua.
Pero el legado de Nina Rosalina Moreno apenas comienza, ella misma transfirió con sabiduría y anterioridad su estafeta a la “Tita”, la discípula mayor desde hace 30 años y hasta ayer, subdirectora, profesora Carolina Díaz.
“UNA SEMILLA QUE TIENE QUE GERMINAR”
“Muchas personas podrán decir que 30 años pasan fácilmente, pero es más que una vida, hay un trabajo de investigación, de diseño coreográfico y vestuario, de un estilo propio que con disciplina y carácter se ve reflejado en cada uno de sus bailarines. Como director de la nueva generación, espero de su elenco y familia continuar perseverantemente su trabajo. Esa semilla que sembró tiene que germinar ahora y dar los frutos que se merece para mantener vivo el nombre de la esencia de Nina Moreno”, expresó el director del Ballet Folclórico Macehuatl, René Jaime Orozco.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 B