Por Amalia Morales
I ENTREGA
Los “buses nuestros de cada día” reciben, pero no dan. Ése podría ser el axioma que se aplique a la calidad del servicio de Transporte Urbano Colectivo (TUC) de Managua, que funciona con buses vencidos que ya dieron su vida útil, que andan en mal estado, que son inseguros porque se convierten en focos de robos y accidentalidad que arriesgan la vida de los usuarios (cerca de 850 mil personas) y que a veces carecen de condiciones mínimas como asientos, pasamanos, timbres. Que son sucios y ruidosos.
Sin embargo, como muy pocos sectores, el del transporte de la capital tiene ventajas que representan millones de córdobas para el país. Sólo en el complemento para mantener la “tarifa social” en 2.50 córdobas, el Gobierno entrega 120 millones de córdobas al mes. Pero además, los transportistas reciben descuentos en el precio del combustible que les queda en 40 córdobas con 50 centavos. Los buseros, que estos días están pidiendo una revisión de la tarifa, aseguran que sin esos subsidios no podrían mantener esa tarifa y que por lo menos costaría un córdoba más.
Allende de estos beneficios directos, los buseros capitalinos son objeto de préstamos blandos y financiación para la compra de insumos y dispositivos electrónicos, como las barras que se instalaron hace casi dos años y que se suponen ejercen un mejor control en el sistema. Como corolario al “proyecto político” del Gobierno con los buseros capitalinos, se ha comenzado a financiar la renovación de la flota de buses.
Un equipo de LA PRENSA se adentró durante tres semanas en la realidad de este sector, abordó todas las rutas de la capital, pero también realizó grupos focales con usuarios que evaluaron la calidad de este servicio colectivo que, a 12 centavos de dólar, sigue siendo el más barato de la región.
Desde hoy publicamos una serie de reportajes que evidencian los faltantes de este sector y también plantea soluciones para este servicio público sensible.
Lea mañana la II parte: Accidentalidad en los buses.