Es la única ruta que entra al barrio Arnoldo Alemán, esa garganta de tierra que queda entre Los Laureles y Sabana Grande, y que se ha extendido como el tumor en una garganta. La 167 comienza muy temprano sus recorridos: 10 minutos para las cinco de la mañana, y hace el último hacia las seis de la tarde. Esta ruta, que circula entre el Arnoldo Alemán y el mercado Israel Lewites, no puede tener un recorrido más tarde, por una sencilla razón: la delincuencia, reconocen los socios de esta cooperativa que tiene su hangar al tope de la calle medio asfaltada que culebrea todo el barrio.
Pero también porque después de las seis, acostumbrados ya a la falta del servicio colectivo, los habitantes del barrio tampoco se animan a buscar buses, confiesa Arelis Rodríguez, pobladora del barrio y vendedora de refrescos del mercado Oriental.
“Hay que darles 10 pesos a los vagos cada vez que uno pasa”, dice Douglas Rivera, un conductor que un sábado llega a guardar el bus hacia las seis y media de la tarde. En este trayecto Rivera no le ha pagado a nadie. En ese momento no estaban los piquetes que normalmente se colocan en el sector de la pulpería de El Chino o en la vuelta.

“A veces los vagos no dejan pasar los buses o los apedrean”, confiesa Rodríguez, que este sábado previo al Día de las Madres entra al barrio en una de las últimas rutas.
Y si no pagan los 10 córdobas, la respuesta es sencilla: “Nos quiebran los vidrios. La semana pasada le quebraron el vidrio trasero a un socio, y le había costado 1,800 pesos, imagínese, entonces hay que darles los 10 pesos —explica Inés Obando, tesorero de esta cooperativa—.
Por ahí nadie recuerda una patrulla policial en tiempos recientes.
No es el primer lugar donde los buseros pagan por circular como ocurre en algunas zonas de Ciudad de Guatemala, en Guatemala, o de San Salvador, donde el control de las maras frena la circulación del servicio de buses. En barrios como el Camilo Ortega hubo intentos de cobrar peaje a los buseros, sin embargo, tras varios operativos la Policía detuvo la institucionalización del peaje.
“Por los vagos, aquí ni taxis entran, a menos que sean conocidos, pero es muy difícil”, dice Rodríguez.
Propuestas para mejorar la seguridad al interior de los buses
Desde los usuarios: que haya más presencia policial, incluso, no importa que cueste un poco más, pero que sean seguros, paradas vigiladas, iluminadas.
Desde los transportistas: más coordinación con la Policía para protección de usuarios en los puntos más conflictivos de la ciudad. Las cooperativas apuntaron que ellos proveen información a la Policía, pero que hace falta más acción.
Policía: más efectivos policiales, pero también que las víctimas de los atracos mantengan las denuncias para evitar que los delincuentes vuelvan a delinquir tan pronto, a veces lo hacen antes de las 48 horas. Sin la denuncia del pasajero no se sostienen las investigaciones.
En la cooperativa Samuel Mairena, que opera la MR-4, dijeron que han estudiado la posibilidad de pagar vigilancia privada, pero eso aún está en estudio debido a los altos costos.