A diferencia de Messi, quien da la impresión de querer pasar inadvertido, Cristiano Ronaldo parece desear que las luces brillen sólo para él.
Y es que se ha hablado tanto sobre la vanidad de Ronaldo, que suele decirse que juega mirándose al espejo, aunque es evidente que lo hace sin perder de vista la portería contraria. De otro modo, no sería el artillero tan productivo que dejó huellas en el Manchester United y que constituye la gran esperanza del Real Madrid.
Sin embargo, la interrogante ahora sobre este explosivo jugador, que ha hecho de los tiros de larga distancia su sello de fábrica, es si será capaz de cargar con el equipo de Portugal, que ahora más que nunca necesita de todos sus recursos ofensivos y de su capacidad para desequilibrar.
La generación de oro, que se forjó de la mano del técnico actual Carlos Quieroz, cuando eran unos jovencitos Paulo Sousa, Fernando Couto y Joao Pinto entre otros, y que más tarde dio el chance a Luis Figo, Rui Costa, Abel Xavier y Capucho, no logró alcanzar la cima que siempre ha deseado la afición lusa.
Ahora las miradas están sobre Ronaldo, quien irrumpió con fuerza en la Eurocopa del 2004, cuando incluso hizo avanzar a Portugal hasta el duelo por el título ante Grecia, pero que quedó en deuda en el Mundial de Alemania en el 2006, cuando no respondió a las expectativas.
Pero Ronaldo llega a Sudáfrica más maduro como jugador y quizá más consciente de la dependencia extrema de su equipo en su desempeño. Esa podría ser una motivación adicional para exhibir todo su material y convertirse en el astro que no fue en Alemania, donde la tropa lusitana, sin embargo, pasó a las semifinales.
De frente al Mundial, los reflectores están listos para alumbrar a Messi y lo que se espera sea su consagración planetaria, pero no sería extraño que Ronaldo los obligue a perseguir sus huellas, si muestra la determinación y capacidad resolutiva que mostró en la liga inglesa y que ha insinuado en España.
Ronaldo tiene todo el instrumental físico para convertirse en la figura de la Copa. Su fortaleza, energía, velocidad y elegancia, junto a su carácter, podrían enviarlo a la cúspide, justo ahora, cuando las mayores expectativas se han tejido en torno a Messi.
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