Ricardo Martinelli, presidente de Panamá firma el acuerdo de negociación que asumieron los países centroamericanos con la Unión Europea, el pasado 19 de mayo. Daniel Ortega fue el único presidente ausente. Fotos de La Prensa/Archivo

La Centroamérica de la izquierda light

Cuatro de los seis países centroamericanos están presididos por mandatarios que simpatizan de alguna manera con la política izquierdista.

Por Martha Solano Martínez.- Cuatro de los seis países centroamericanos están presididos por mandatarios que simpatizan de alguna manera con la política izquierdista.

La lista es encabezada por el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, como la izquierda más radical de la región. Pero, aunque no lo parezcan, los presidentes de El Salvador, Guatemala y Costa Rica también clasifican en la misma categoría, aunque se trata de una versión más “moderada”.

Laura Chinchilla, de Costa Rica, quien asumió la Presidencia el pasado 8 de mayo, proviene de la línea social demócrata, ideología que la sitúa en una especie de centro-izquierda del espectro político, aunque el presidente del Parlamento Centroamericano (Parlacen), Jacinto Suárez, la llama solamente “izquierda”.

Aunque Suárez es de los que prefieren no ponerle adjetivos a las cosas, afirma que en toda América Latina se está viviendo un fenómeno que está volcando los países a la práctica de una izquierda moderada, y comprende en ésta un concepto amplio que incluye a todo aquél que promueve cambios. Y sólo para ejemplificar, menciona el actuar de los presidentes Evo Morales, de Bolivia, y Laura Chinchilla, de Costa Rica.

Desde antes que Chinchilla asumiera la Presidencia, ya había anunciado una serie de cambios trascendentales que hicieron volver las miradas hacia este país que hasta ahora se había mantenido apartado de la realidad regional durante el mandato del ahora ex presidente Oscar Arias.

Con el anuncio de que en Costa Rica se frenarían las concesiones de explotación minera a cielo abierto, Chinchilla se ganó de entrada la simpatía de los movimientos ambientalistas que hasta entonces mantenían constantes reclamos al gobierno de Arias. Pero además, en materia política sorprendió por su apertura para que su país se volviera un miembro más activo del Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

Laura Chinchilla y Álvaro Colom, presidentes de Costa Rica y Guatemala, son considerados como parte del ala centro izquierda centroamericana.

Laura Chinchilla fue ex ministra de Justicia y Seguridad, y vicepresidenta durante el período de Arias. Comenzó en la política como miembro de la juventud social demócrata, y alcanzó la presidencia a través del Partido Liberación Nacional, de la misma corriente política.

Sin embargo, desde antes de su triunfo en las urnas el 7 de febrero de 2010, la primera presidenta de Costa Rica comenzó a marcar un cambio distanciándose de la derecha que venía implementando Oscar Arias.

Los intereses económicos de Costa Rica continúan siendo los mismos, sus relaciones con Estados Unidos y China no han cambiado pero ahora, su presidenta le ha impreso una cara más amigable a un país que se mantenía apático a la región en que está ubicado geográficamente.

Esto, desde el punto de vista del consultor político y catedrático de ciencias políticas en la UAM (Universidad Americana), Orlando López Selva, se traduce en que los presidentes no han perdido de vista los intereses económicos de sus países. Aunque hay algunas excepciones.

“El siglo XX fue el siglo de las ideologías, el siglo XXI es el siglo del comercio y la globalización”, dice López.

Y aún con una diferencia tan marcada entre politiquería y el bien para cada nación, el catedrático sostiene que algunos países como Nicaragua continúan practicando una izquierda que no está acorde con la realidad, Nicaragua va contra la corriente.

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El analista Mauricio Herdocia opina que Nicaragua “debe asumir un liderazgo activo y propositivo en el marco del sistema de la integración regional”.

Explica que nuestro país además de mantenerse firme con la idea de una necesaria unidad regional desde que se inició con el Tratado de Esquipulas, en los años ochenta, Nicaragua ha “desplegado diversas iniciativas importantes, como el Fondo Común de Crédito en el ámbito del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica”.

Pero el analista, al igual que el catedrático Orlando López, de la UAM, recomienda que no se debe “amarrar a un solo eje” y que es esencial diversificar las opciones y enriquecer las relaciones internacionales del  país.

Sin embargo, en la práctica, el gobernante Daniel Ortega ha preferido mantenerse alineado a la izquierda impulsada por Hugo Chávez y Fidel Castro, de Venezuela y Cuba, respectivamente.

“Lo fundamental es que Nicaragua asuma el proceso de transformaciones en el SICA como una tarea impostergable para garantizar una visión regional de desarrollo que le dé valor agregado a los esfuerzos nacionales”, dice Herdocia.

Y agrega que esa misma responsabilidad debe ser compartida por el resto de países, que aunque no profesen la misma ideología política o tengan sus variantes entre una izquierda y otra, deben garantizar un clima democrático de gobernabilidad y estabilidad que permita proyectar a la región como una zona atractiva en materia de seguridad, inversión y desarrollo.

“Nicaragua está entonces obligada a ser un factor de estabilidad, liderazgo y cambio en la región, sobre la base de los principios democráticos del proceso integracionista y su dimensión social”, finaliza Herdocia.

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“Nicaragua debería caminar al lado de los ganadores, de los que construyen… Nicaragua está quedando en desventaja dentro de un Alba político manejado por una Venezuela que cada vez tiene más problemas políticos. Todos los países crecen menos éste”, replica López Selva.

Y agrega que la izquierda que fomenta Ortega es la misma que se está impulsando desde Venezuela, una “izquierda que cayó en Berlín y que él (Hugo Chávez) está levantando con sus manos para levantar otro muro”.

“Nicaragua está pasando por una crisis que ya no se la podemos acreditar al capitalismo ni a la crisis financiera. Nicaragua pasa por una crisis por que hemos desinstitucionalizado al país. Lo hemos convertido en un juego de políticos sin moral alguna”, dice.

En El Salvador el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) está pasando por una crisis provocada por el distanciamiento del presidente Mauricio Funes.

Funes, quien antes de ser político era periodista y presentador de un exitoso programa de televisión, tuvo su primer contacto con el FMLN en 1988, cuando entrevistó en Costa Rica al comandante guerrillero Joaquín Villalobos.

Pero su carrera periodística no paró ahí, más bien continuó en ascenso y en el 2005 su programa matutino de televisión La Entrevista, llegó a ser el más visto de ese país.

Dos años después, en noviembre del 2007, durante una convención nacional, el FMLN anunció a Mauricio Funes como su candidato oficial para las elecciones presidenciales del 2009.

Desde entonces, en todas las encuestas obtuvo muy buenos resultados y en marzo del 2009 fue electo Presidente de El Salvador con más del 50 por ciento de los votos a su favor.

Sin embargo, a pesar del triunfo que hizo volver la Presidencia salvadoreña ala izquierda del FMLN, después de 17 años de ausencia, en el último año Funes ha preferido tomar distancia del partido, algo que ha sido foco de críticas por parte de sus electores.

Lejos de analizar esto como una simple disparidad dentro de un grupo político, el rostro moderado que impuso Funes a la izquierda radical del FMLN tiene sentido, según Orlando López, desde el punto de vista de los intereses económicos de El Salvador.

“Funes resultó ser un rostro moderado del FMLN, pero eso no significa que ese partido vaya a seguir la línea del presidente de El Salvador”, comenta López.

La izquierda moderada que practica el presidente salvadoreño va más encaminada al objetivo de mejorar la economía del país, que aunque es mucho mejor que la economía nicaragüense, a El Salvador le conviene mucho más mantener buenas relaciones con Estados Unidos y Europa que con el conflictivo Hugo Chávez.

El 9 de abril el presidente nicaragüense Daniel Ortega recibió la visita diplomática de su homólogo hondureño Porfirio Lobo. Un mes después, el 13 de mayo recibía a Manuel Zelaya, a quien brinda su apoyo desde el golpe de Estado que sufrió el año pasado. 

Sólo para muestra, según las estadísticas del portal Indexmundi, entre las economías centroamericanas, la de Nicaragua es la más débil con un PIB (Producto Interno Bruto) de apenas 15.76 miles de millones de dólares, seguida de Honduras (30.5), Panamá (31.89), El Salvador (40.65) y Costa Rica (44.06).

La economía más fuerte en la región es la de Guatemala que posee un PIB de 62.04 miles de millones de dólares.

Para el analista en temas de integración, Mauricio Herdocia, el gobierno de Funes ha mostrado “una gran madurez política, un fuerte sustento integracionista, apego a la institucionalidad democrática. Su gestión moderada y equilibrada ha sido recibida  muy bien tanto a nivel interno como internacionalmente”.

1274570480_230510 Zelaya y Ortega

En Guatemala, el presidente Álvaro Colom, del partido Unión Nacional de la Esperanza (UNE) es de la línea centro izquierda, que al igual que la presidenta costarricense, es considerada como una izquierda moderada que apunta al desarrollo económico de su país.

Colom se ha encargado de demostrar que se puede tener “amigos” aunque con cierta distancia, como lo hace con Venezuela, sin descuidar los intereses mayores como sus relaciones económicas con Estados Unidos.

Los únicos que marcan la diferencia por ahora son Honduras y Panamá, donde sus presidentes son considerados abiertamente de derecha.

En el caso de Panamá, su presidente Ricardo Martinelli, del partido Cambio Democrático, pertenece al ala centro derecha, pero eso no ha significado ningún impedimento para que Panamá se desempeñe como presidente del SICA, aunque prefirió marcar distancia respecto al Parlamento Centroamericano.

No obstante, a pesar de que comparte ideología política con su homólogo Profirio Lobo, de Honduras, y a pesar de los mensajes de hermandad que han surgido en los último meses, desde el SICA, Panamá como presidente de la organización no ha hecho ningún intento por convocar a reunión de sus miembros para que firmen una carta en la que restablezca la integración de ese país. Tampoco el resto de presidentes ha hecho alguna moción para convocar sus demás homólogos.

Honduras fue excluido del SICA desde el golpe de estado a Manuel Zelaya, en junio del año pasado, hecho que para Jacinto Suárez provocó un momento de “impasse” en el istmo.

“Estamos en un momento de impasse y transición a un nuevo movimiento político. El golpe de Honduras quebró una institucionalidad que estaba funcionando”, explica.

Ahora, ese impasse, que tuvo sus contratiempos tras la prolongación de la crisis hondureña, se ha ido recuperando poco a poco y motivando a la integración de los demás países, algo que ha contagiado hasta a la mismísima Costa Rica.

Suárez advierte que “para que esa integración sea plena se debe incluir a Honduras una vez que vuelva al carácter institucional que tenía”.

Las diferencias políticas parecieran pocas, pero los intereses económicos marcan una distancia entre cada país. Sin embargo, a pesar de tantos intereses individuales, los analistas continúan viendo con buenos ojos el sistema de integración regional y esperan que los cambios a la izquierda que han ocurrido en los últimos años no perjudiquen la relaciones entre Centroamérica y el resto del mundo.

El doctor Mauricio Herdocia, presidente del Instituto Centroamericano de Integración, explica que a pesar de las diferencias políticas que pueda haber entre los diferentes mandatarios y las diferencias entre la forma de conducir las relaciones internacionales entre los países de la región y el resto del mundo, la integración centroamericana no se ha visto afectada.

“Lo importante es que todos, en mayor o menor intensidad, respaldan el proceso de integración regional y lo consideran una ruta viable para alcanzar, mediante los valores agregados que puede dar el SICA, las urgencias del desarrollo económico y social de la región. La integración ha prevalecido sobre cualquier diferencia ideológica y de posicionamiento, lo cual es muy positivo”, agrega.

La izquierda, aunque moderada, se encuentra con un marcador de cuatro a dos en Centroamérica, pero el parlamentario Jacinto Suárez prefiere llamarle a este momento como un período de transición en el que sólo el tiempo dirá la ideología que a futuro tendrá que imperar en la región.

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