Fátima Hernández Canda, una joven de 22 años que hace 10 meses fue violada —como lo señala un dictamen médico— por un compañero de trabajo, sigue reclamando justicia ante la Corte Suprema de Justicia, inclusive con una huelga de hambre por la cual fue trasladada grave el pasado lunes al Hospital Alemán-Nicaragüense.
Fátima inició este calvario el año pasado, recurrió a todas las instancias correspondientes junto a su abogado defensor Manuel Urbina Lara y ahora se encuentra a punto de perder la vida por el estado avanzado de desnutrición y deshidratación.
El problema de Fátima es que no es tema de agenda ni para los políticos ni para las organizaciones de derechos humanos, menos para las autoridades del Poder Judicial, quienes han “boleado” el caso.
El padre de Fátima, el señor Esteban Hernández, se declaró en huelga de hambre hasta que se resuelva su caso ante las autoridades; sin embargo se ve muy pocas esperanzas en la resolución del caso por parte del sistema judicial del país.
Cuando vemos que magistrados de la Corte Suprema de Justicia junto a delincuentes —por que no hay otra palabra que decirle a quienes violan la ley— tiran morteros en un hotel capitalino. Para ellos seguir chupando la sangre de los nicaragüenses a través del erario es más importante que hacer justicia en Nicaragua.
El presunto agresor, Farinton Reyes Larios, se encuentra en libertad luego que tres magistradas del Tribunal de Apelaciones de Managua (TAM) lo dejaran en libertad y pospusiera la audiencia sin fijar la fecha.
Fátima representa a miles de nicaragüenses que reclaman justicia ante un Poder Judicial que lamentablemente está a favor de los intereses políticos del partido que lo llevó a ese cargo, y a los intereses económicos, exceptuando a unos pocos, que realizan su labor con honestidad.
Considero que casos como el de Fátima deben ser parte de la agenda de los políticos, la sociedad civil, los medios de comunicación, donde se exija justicia para esta joven, quien ha dado muestra de valor y dignidad ante un sistema plagado de vicio y corrupción.
Una joven estadounidense, Alice Sebold, escribió un libro luego de ser violada, llamado Desde mi cielo. En esa obra ella narra cómo luchó con uñas y dientes para que su agresor fuese llevado a la cárcel porque no podía ni dormir por las noches, pero el sistema le ayudó a dar con el culpable.
Ella incluso estaba tan desesperada que le escribió un poema que parte dice: “Si te encontrara, ya pensaría lo que haría para darte un final lento y placentero”, como el daño que ella sufrió por esta violación.
¿Hasta cuándo la justicia actuará en el caso de Fátima? ¿Hasta que muera? ¿Qué pasa con los magistrados que buscan decretazos y valerse de todos los recursos? ¿Por qué no pasa esto con la población que sigue demandando justicia y que prevalezca un Estado de Derecho? Dios ayuda a Fátima y su familia para conmover los corazones del Poder Judicial, para evitar mayor deterioro en su salud física y mental de esta familia.
La autora es periodista
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