Las mujeres jóvenes son las que más están en riesgo de ser víctimas de femicidio o feminicidio, señala un estudio efectuado entre 2000 y 2006 en Centroamérica y República Dominicana sobre ese tema.
Bajo el título “No olvidamos ni aceptamos: Femicidio en Centroamérica”, el estudio coordinado por Ana Carcedo fue publicado por la Asociación Centrofeminista de Información y Acción (Cefemina) de Costa Rica, presentado ayer en Managua en una actividad promovida por la Red de Mujeres contra la Violencia.
Menciona que en los tres países del norte del istmo, es decir Guatemala, El Salvador y Honduras, el problema alcanza “dimensiones epidémicas”, donde las tasas promedio sobrepasan las 10 muertes por cada 100 mil mujeres.
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En los otros tres países del sur (Nicaragua, Costa Rica, Panamá) la tasa promedio es menor, por el orden cuatro por cada cien mil mujeres, pero considera que el riesgo está presente “porque las condiciones que permiten esta escalada mortal son regionales y están presentes en todos ellos”.
Según la Red de Mujeres contra la Violencia, en lo que va del año en Nicaragua han sido asesinadas 26 mujeres.
El estudio destaca que “la impunidad ha sido un factor imprescindible para lograr que en tan sólo seis años, los transcurridos entre 2000 y 2006 , las tasas de homicidios de mujeres en algunos países se dupliquen, algo alarmante en la historia de cualquier sociedad”.
El mismo indica que, por ejemplo, en Nicaragua entre el 2000 y el 2003 fueron las parejas, ex parejas y otros familiares los principales hechores en su mayoría.
Añade que en Nicaragua las armas blancas se emplearon en la mitad de los femicidios cometidos en 2003, por ejemplo. Mientras en un caso de cada 10 estuvo de por medio el arma de fuego y con más frecuencia recurrieron a los golpes.
“El uso de las armas de fuego denota la intención clara de matar y de hacerlo con poco riesgo, asegurando el resultado. Pero el recurso de los golpes, la asfixia, el estrangulamiento o los múltiples medios, también muestran ese propósito de acabar con la vida de las mujeres”, señala en parte el estudio.
Precisa que la creciente relevancia de las armas de fuego, en la autoría de estos crímenes, está relacionada de alguna manera con la aparición de los nuevos escenarios, la mayoría de los cuales corresponde a agrupaciones y redes delictivas armadas, al tiempo que consideran el armamentismo no sólo de militares, policías, y delincuentes, sino también de parte de civiles.
“Una de las tendencias más preocupantes es la privatización de la seguridad pública y de la represión. Las empresas de seguridad privada superan ya en efectivos a los policías estatales”, revela el estudio.
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