José León Talavera S.
Cuando Laura Chinchilla visitó Nicaragua como Presidenta electa de Costa Rica, el 20 de abril del 2010, su primer mensaje frente a su anfitrión, el presidente Ortega y los medios de comunicación, fue ratificar con la firmeza y optimismo que iluminan su rostro, su compromiso de promover mejores relaciones entre Costa Rica y Nicaragua, resaltando la contribución de los migrantes nicas en el desarrollo económico, social y cultural de Costa Rica.
Escuchando el mensaje de doña Laura, recordé una experiencia personal, durante mi reciente visita a Costa Rica, junto a Javier Chamorro R., director ejecutivo de la agencia de inversiones Pro Nicaragua, para conocer las operaciones de la Cooperativa de Leche Dos Pinos. La visita tenía como propósito motivar a mi viejo amigo Jorge Patonni (gerente general de Dos Pinos) a invertir en el sector lácteo nicaragüense, para transferir la experiencia de calidad mundial de esta cooperativa, cuyas ventas anuales ya superan los 500 millones de dólares. Sus dueños son más 1,400 pequeños productores de leche, los cuales reciben el mejor precio del mercado internacional por litro de leche, ofreciendo a la vez a los consumidores ticos comprar la leche más barata a nivel mundial.
Visitamos una pequeña finca de 10 manzanas en San Rafael de Alajuela, en donde su propietario (socio de Dos Pinos), con el apoyo de su esposa y la asistencia de un campesino nicaragüense, manejan 50 vacas, con promedio de producción de 20 litros de leche por día. Durante el recorrido reflexioné sobre lo envidiable de la experiencia, teniendo en cuenta que el promedio nacional de producción de leche en Nicaragua es de 3 litros por vaca al día y una manzana de pasto por cabeza de ganado.
El dueño de la finca nos presentó a su asistente nicaragüense, un joven campesino leonés, a quien invitó a integrarse a la presentación sobre el funcionamiento de su lechería. Frente a nuestra obligada pregunta de cómo le iba en su trabajo, en tono de broma y con mucha soltura nuestro paisano dijo: “Aquí me va muy bien, ayudándole a hacer plata a este tico”. Luego me comentó en privado que ya se había casado con una costarricense, por lo que seguramente echaría raíces en Costa Rica. Con un poco de nostalgia, agregó que igual que otros campesinos de su comarca en León, se había venido a Costa Rica por la falta de trabajo y bajos salarios de Nicaragua.
Pensé que es inevitable encontrar a un nica en cualquier actividad económica en dicho país pues ya son más de quinientos mil nicaragüenses los que trabajan en Costa Rica y que ello equivale al 10 por ciento de la población de Nicaragua, al 15 por ciento de la población en Costa Rica y al 20 por ciento de su Población Económicamente Activa, Frente a la magnitud de estas cifras se vuelve imperativo para los gobernantes y la sociedad civil de ambos países, realizar una profunda reflexión sobre la trascendencia de esta realidad y la urgencia en estructurar una alianza de largo plazo en beneficio de Nicaragua y Costa Rica. Pareciera que no existe más opción que dejar atrás viejos desencuentros y acelerar los mecanismos de integración, convivencia y relaciones armoniosas, al margen de las suspicacias, prejuicios y complejidades de espinosos temas que han marcado la relación en el pasado.
Por suerte, durante los discursos del 20 de abril tanto Daniel Ortega como Laura Chinchilla comprometieron su palabra para construir una nueva era en las relaciones, incluyendo trabajar juntos en la aceleración de la integración centroamericana. Pareciera que diferentes circunstancias están facilitando un enfoque común, que sólo ventajas pueden acarrear a ticos y nicas.
Los mandatarios también acordaron la pronta reactivación de la Comisión Binacional de alto nivel, inactiva desde hace varios años. Elaborar una agenda de beneficio común, que involucre en el futuro a los gobiernos locales de los municipios fronterizos y a líderes del sector privado de ambos países, permitiría rápidamente superar viejos escollos y ensanchar aún más las relaciones diplomáticas y comerciales.
Una vez más, la geografía, la historia y las circunstancias nos obligan a complementarnos. La mano de obra nicaragüense es considerada por especialistas como indispensable para diferentes actividades económicas de Costa Rica, particularmente en el sector de la construcción, agricultura y servicios. Por otra parte los progresos alcanzados en Costa Rica en materia de educación, salud, tecnología, turismo, manejo de recursos naturales e institucionalidad democrática, pueden ser experiencias de gran beneficio para acelerar nuestro desarrollo económico. El tiempo apremia y las decisiones oportunas están en la agenda del día.
Desde mi modesta experiencia como estudioso de las relaciones tico-nicas, deseo sugerir entre otras las siguientes acciones que facilitarán la integración binacional y regional, las cuales serían de rápido impacto económico y social:
1- Ejecución de medidas de emergencia de ambos gobiernos, para humanizar y hacer más eficiente el tránsito de trabajadores temporales, turistas, comerciantes, empresarios y transportistas, en la frontera de Peñas Blancas, cuyas instalaciones fueron rebasadas desde hace varios años en su capacidad para atender personas, vehículos y mercancías.
2. Planificar las acciones necesarias para aprovechar al máximo en beneficio del desarrollo común, la nueva carretera en construcción en territorio nicaragüense, que unirá la ciudad de Acoyapa en Chontales, con el puesto fronterizo de Las Tablillas, en Los Chiles de Alajuela, en Costa Rica. Esta nueva ruta tiene prevista la construcción del nuevo puente sobre el río San Juan, que será realidad gracias a la generosa contribución del Gobierno de Japón. Sin duda esta nueva ruta binacional permitirá integrar la producción y el comercio de la vertiente atlántica de ambos países.
3.- Acelerar el proyecto de construir el nuevo puesto fronterizo en Los Mojones del Naranjo, que permitirá unir a través de una carretera turística, el Pacífico Norte de Costa Rica con el Pacífico Sur nicaragüense (Guanacaste con San Juan del Sur y Tola). Sin duda esta ruta abrirá las puertas de nuevas alianzas de negocios para la generación de empleo y oportunidades a miles de ciudadanos de ambos países.
La historia registrará si Laura Chinchilla y Daniel Ortega fueron capaces de transformar este reto en oportunidad.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A