BRASILIA/EFE
El nuncio apostólico de Brasil, Lorenzo Baldisseri, inauguró hoy la Asamblea General de la Confederación de Obispos con una misa en la que admitió la «amargura» de la Iglesia católica por los escándalos sexuales denunciados en varios países.
«La Iglesia atraviesa por un momento de profunda tristeza y amargura» y «aparece en los diarios y otros medios de comunicación fustigada, expuesta al público ludibrio, por las debilidades de algunos de sus miembros», dijo Baldisseri en la homilía.
El nuncio afirmó que los culpables de los escándalos denunciados en diversos países, incluido Brasil, son «responsables de pecados y crímenes gravísimos que serán juzgados ante Dios y los tribunales», y apuntó que, para la Iglesia, éste «es un tiempo de purificación y de penitencia».
También sostuvo que «esta ola tempestuosa pasará y la santidad de la Iglesia permanece intacta, porque es santa por Jesucristo», así como lo son «innumerables hombres y mujeres venerados en los altares por inmensas multitudes de cristianos que viven sus propias vidas en la fe».
La Asamblea General de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil será clausurada el próximo día 13 y se centrará en el papel de la Iglesia, la reforma agraria en el país y los escándalos en que se han visto implicados sacerdotes acusados de pederastia.
En relación a ese último asunto, el arzobispo de Porto Alegre, Dadeus Grings, afirmó hoy que «la pederastia es un crimen, así como el aborto es un crimen», porque afecta a «los niños, que precisan ser preservados» y «cuya inocencia es el futuro».
Grings agregó que «los errores cometidos» por sacerdotes prueban que «la Iglesia no es perfecta», pero también que «no se omite» de sus responsabilidades ante la sociedad.
«El gesto de la Iglesia al pedir perdón enseña a todos los que se implican en algún crimen que también deben pedir perdón», declaró el arzobispo de Porto Alegre.
El último escándalo de supuesta pederastia en la Iglesia católica brasileña se produjo hace quince días, cuando tres sacerdotes fueron suspendidos de sus funciones religiosas tras haber sido acusados de abusos sexuales contra varios menores en la ciudad de Arapiraca, en el noreste del país.