La imposición a garrote, morterazos y pedradas no es un invento de Daniel Ortega.
En Venezuela y Cuba la fotografía se repite, con los toques personales que le imprimen los hermanos Castro y Hugo Chávez, respectivamente.
Y antes de éstos ya lo habían incorporado a su arsenal de “gobierno” dictadores como Benito Mussolini en Italia, Adolfo Hitler en Alemania y, para no ir tan largo, Anastasio Somoza García, en Nicaragua, que estableció la política de “Las tres P”: plata para los amigos, palo para los indiferentes y plomo para los enemigos.
En Caracas los fieles chavistas están agrupados en “colectivos” y algunos hasta circulan armados para imponer sus criterios socialistas del Siglo XXI bajo una organización paramilitar que todo mundo reconoce pero nadie se atreve a denunciar oficialmente. En Cuba, simpatizantes y policías vestidos de civil se funden para sacar de la vista pública a todo aquel que opine en contra del régimen de Fidel Castro y su hermano Raúl.
La revista Domingo publica en esta edición un reportaje sobre el uso del garrote como instrumento de gobierno, desde la Europa fascista hasta Daniel Ortega, quien dirige una organización paramilitar encabezada por viejos cuadros de la Seguridad del Estado, dirigentes sindicales y de la Juventud Sandinista.
Lea reportaje completo en Domingo.