Douglas Carcache

Integración y liderazgo

Las presiones para conseguir pronto la integración de Centroamérica han dejado en evidencia algunos intereses de los gobernantes de esta pequeña región, y una consecuencia será el surgimiento de nuevos liderazgos y el hundimiento de otros.

El principal choque por el liderazgo regional se da hoy entre dos concepciones de izquierda, la ortodoxa que trata de imponer Daniel Ortega en Nicaragua y la pragmática de Mauricio Funes en El Salvador.

Funes ha sido bien valorado en distintas encuestas en los diez meses que ha gobernado, y Ortega registra un nivel negativo. ¿Por qué al presidente salvadoreño lo califican bien y al nicaragüense mal, si ambos representan a gobiernos de izquierda?

La respuesta podría estar en las actitudes políticas de cada uno frente al desafío de alcanzar la integración y el progreso económico de sus países y la región.

En marzo pasado, la empresa CID Gallup reveló en Guatemala que Funes contaba con el 82 por ciento de aprobación, mientras Ortega tenía la aceptación de 48 por ciento.

Poco después, en abril del 2010, la empresa mexicana Consulta Mitofsky ubicaba a Funes con el 83 por ciento de respaldo en un estudio a nivel latinoamericano, mientras Ortega aparecía entre los peor valorados con el 26 por ciento de aprobación.

La última evaluación la hizo M&R Consultores en los cuatro países que forman el CA4 (Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala), en la que los nicaragüenses aprueban a Funes con el 77.7 por ciento y a Ortega con el 19 por ciento, mostrando por éste un desagrado que llega al 74.4 por ciento.

La tendencia de preferir a Funes y rechazar a Ortega persiste en las otras tres naciones. Por ejemplo, en Honduras, donde Ortega ha querido influir tras el golpe a Manuel Zelaya de junio del 2009, Funes recibe una aprobación del 76.2 por ciento y Ortega de 26.7 por ciento.

Funes ha reiterado su interés en la integración de Centroamérica, cuando ha explicado porqué se niega a que El Salvador entre en la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba). Ortega hace lo contrario, está más interesado en apoyar proyectos políticos extra regionales que dividen al istmo, como el Alba, del venezolano Hugo Chávez.

Si Funes es percibido como un presidente con ideas propias, preocupado por el futuro de su pequeña región, Ortega es la imagen del político autoritario, que quita libertades, confronta a la sociedad y se entrega por entero a intereses antidemocráticos: Cuba, Venezuela e Irán.

La negociación del acuerdo de asociación con la Unión Europea, que hoy entra a su ronda final, dependerá en última instancia del sello político de los presidentes centroamericanos que habrán de valorar si toman o dejan pasar esta oportunidad, al margen de sus ideologías y de si el istmo consigue o no todas las cuotas comerciales solicitadas.

Es un dilema histórico para Centroamérica, porque la UE significa, además de un mercado de 500 millones de consumidores, un modelo de cultura política e institucionalidad que ayudaría a mejorar la democracia centroamericana.

Es un momento tan importante como aquel de finales de la década de 1980, cuando los gobiernos del istmo lograron el consenso para poner fin a la guerra, proceso en que destacó el presidente costarricense Óscar Arias. Ya no hay guerras civiles, pero sí más pobreza, inseguridad y narcotráfico, y una forma de afrontar estos males es mejorar la economía y reducir la desigualdad social.

Columna del día Opinión
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