Esta infamante subcultura inicia después de 1979. Antes todos los pequeños productores agrícolas eran excelentes pagadores al Banco Nacional y los que no podían hacerlo, pero no por desviaciones de la prenda agraria, recibían prórrogas o reestructuraciones y se les financiaba de nuevo. El porcentaje de recuperación crediticia andaba por el 98 por ciento. El Crédito Rural tenía 258 agrónomos que ejercían el control y la asistencia técnica con resultados positivos. El BID declaró a este programa del Banco Nacional como el mejor del Continente. Los beneficios del buen uso del crédito permitieron que 4,280 pequeños productores se convirtieran en sujetos de crédito bancario.
Cuando los sandinistas tomaron el poder en 1979 comenzó la debacle del crédito rural. Financiaban sin análisis, sin control, despilfarraban los recursos de tal manera que cuando el agricultor no podía pagar aunque hubiere desviado la prenda agraria, le otorgaban nuevo crédito siempre sin control y el receptor crediticio observó que era fácil no pagar y recibir nueva plata. La acumulación de la deuda morosa se volvió insoportable. La recuperación andaba por el 25 por ciento y finalmente cerraron el Programa de Crédito Rural en marzo de 1988 y luego cancelaron el Banco Nacional. La banca estatal desapareció porque también desmantelaron el Infonac que financiaba al grande agricultor y posterior el Banco Popular.
Vino el auge de las microfinancieras con la cantinela de entidades sin fines de lucro, pero en el fondo sus dueños se hacían y se hacen más ricos cada día y los agricultores desposeídos de recursos estatales, sin analizar la gravedad de usar dinero con altos intereses se introdujeron en esta vorágine que tuvo resultados en contra del país provocando el reinicio de la subcultura del no pago, culminando en formación de organización, junta directiva etc., con el apoyo del Gobierno sandinista. Argumentan que no han pagado por los intereses usureros pero no explican qué hicieron con las cosechas que fueron financiadas. Lo más probable es que hubo desvío de la prenda agraria y sus consecuencias son muy serias incluyendo la cárcel. Las financieras son culpables porque independiente de sus intereses de usura nunca han tenido personal que controle el desarrollo de los cultivos de sus deudores y mucho menos que les hubieren brindado asistencia técnica.
Alentados por el populismo oficial con ánimo a ganar adeptos hicieron lo recomendado o sea las protestas, plantones, y presiones a los acreedores, llegando hasta la Asamblea Nacional quienes también faltos de conocimientos en los procesos tradicionales del manejo del crédito aprobaron el monstruo de la Ley Moratoria, incluyendo un tope de interés, cosa absurda que en ningún país del mundo ha sucedido, porque esa es función del Banco Central. Esta ley moratoria es la culminación e instalación por siempre del no pago, porque elimina los efectos de la Ley de Prenda Agraria y los que se roban las cosechas lo harán legalmente.
Falta una banca estatal como la que existió antes de 1979, una banca especial dedicada al desarrollo, sin partidización, sin proselitismo político, sin populismo y con gente debidamente especializada como banqueros de crédito rural y no con criterios de banquero tradicional que no conocen el trato ortodoxo a los pequeños agricultores.
Nicaragua el único país en el mundo que no tiene banca estatal de desarrollo. A los nuevos funcionarios del Banco Produzcamos que aún no funciona, les recomiendo que hagan una gira de estudio al Banco Nacional de Costa Rica para observar cómo funciona un auténtico Banco de Desarrollo.
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