Están proyectando en las pantallas de las salas de cines de Managua, la película Choque de titanes, la cual, según se dice en la publicidad es una recreación del filme original de 1981, el cual se presentó en Nicaragua con el título en español de Furia de titanes .
No he visto la nueva versión, todavía, pero sí miré la película original que se proyectó hace 29 años en el desaparecido Teatro Cabrera, de Managua.
Recuerdo haber leído que un analista de cine aseguró que la moraleja de aquel filme Furia de titanes , el de 1981, era la de que cuando los seres humanos tienen suficiente fuerza de voluntad y ponen todo su empeño en conseguir una meta y vencer los obstáculos, no necesitan la ayuda de dios o de los dioses. O, dicho de otra manera, que todos los seres humanos tienen la capacidad necesaria para enfrentar las dificultades y vencerlas, sin tener que depender de nada o de nadie, siempre y cuando tengan el ánimo suficiente y pongan en sus esfuerzos todo el empeño que sea necesario.
Pero lo cierto es que yo no recuerdo haber captado esas moralejas o mensajes ocultos de aquella vieja película, sólo que era muy entretenida y que describía de manera emocionante algunas leyendas de la mitología griega.
La vieja película Furia de titanes , y según se dice también su nueva versión, se basa en una recreación libre del mito de Perseo, hijo de Zeus y de la mujer mortal Dánae. Acrisio, rey de Argos y padre de Dánae, conoció por un oráculo la funesta profecía de que un nieto lo habría de matar. De manera que para evitar que se cumpliera tan terrible anuncio, Acrisio encerró en lo alto de una torre a Dánae, su hija única, e impedir así que tuviera relaciones con algún hombre y resultara embarazada .
Dánae era extraordinariamente bella, tanto, que su madre, Andrómeda, solía decir que su hija era tan hermosa como las Musas e inclusive más que éstas. Y encerrada en la torre donde su padre la había confinado, Dánae permanecía casi todo el tiempo desnuda, mostrando sus espléndidas formas pero segura de que nadie podría verla en su intimidad.
Sin embargo, Zeus, quien podía verlo todo por muy oculto que estuviera, hasta los pensamientos de las personas, cuando la vio desnuda se enamoró de ella y quiso hacerle el amor.
Para poseer a Dánae en el inaccesible encierro donde la muchacha se encontraba, Zeus se convirtió en un polvo de oro que se esparció en el aire, se introdujo en la torre a través de una ventanilla y cubrió el maravilloso cuerpo de la princesa de Argos que descansaba en su lecho de cautiva.
De aquella singular relación amorosa de Zeus, convertido en polvo de oro, con Dánae, ésta quedó embarazada y nueve meses después dio a luz a un hermoso varoncito a quien llamó Perseo. Entonces, Acrisio, cuando supo que Dánae a pesar del cautiverio se había embarazado y dado a luz un hijo, decidió deshacerse de la criatura y también de su hija, a fin de no correr el riesgo de que de algún modo ella volviera a concebir y alumbrar.
Así fue que Acrisio ordenó que encerraran a madre e hijo en un tonel, que lo llevaran en un barco hasta muy adentro en el mar y lo arrojaran a las aguas para que la muchacha y el niño murieran de hambre y de sed, o devorados por las fieras marinas.
Y entonces fue que comenzó la emocionante saga de Perseo.
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