Futuro
“Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”.
Friedrich Nietzsche (1844-1900), filósofo alemán.
APANÁS CONTAMINADO
Si bien es cierto que es un hecho divulgado que el lago de Apanás está muy contaminado con agroquímicos y demás, como consecuencia de la negligencia de las autoridades que no hacen nada para frenar ese mal, esta información es el contenido de una comunicación desde antes conocida, por lo que deja de ser noticia. En centenares de ocasiones nosotros los comunicadores y el pueblo en general hemos denunciado formalmente la destrucción a que está siendo sometido un proyecto de semejante envergadura como es el lago de Apanás, pero como en Nicaragua las autoridades son nombradas para que gocen de un buen salario durante cuatro o cinco años, las demandas se quedan, como siempre, en el escritorio de los funcionarios. Y como si el problema fuera poco, hace unos años los jinoteganos fuimos beneficiados con dos proyectos envidiables: el de tener agua potable en un 95 por ciento pura, de la que actualmente gozamos y el de sanear el río Viejo, que históricamente ha llevado las aguas negras de la ciudad al lago de Apanás, para evitar que el lago continúe contaminándose por esa vía.
El proyecto, que fue un obsequio del pueblo Alemán, ha sido abortado por las autoridades locales, ya que a pesar de haberse construido todo lo que el caso demanda para dar tratamiento a esas aguas, centenares de viviendas jinoteganas vierten sus aguas negras en el mismo río, sin que esto sea visto con la seriedad que el caso merece, por las autoridades, echando como siempre por el suelo la ayuda que pueblos caritativos nos ofrecen. Ningún alcalde hizo nada por enmendar el daño y mucho menos el actual, que no pasa de ser un simple eufemismo. Debemos salvar nuestro lago.
Ramón Pineda
TRAGEDIA Y DRAMA
Me tocó ver de soslayo y brevemente la escena dantesca de doce cuerpos inertes esparcidos bastante cerca uno de otro en un predio de tierra, a la vera de la Carretera Panamericana sur hacia Peñas Blancas. En ese momento de atonicidad y somnolencia nunca imaginé que sería una tragedia prácticamente sin precedentes en esas fechas de Semana Santa y que conmovería a todo un pueblo, sobre todo a los rivenses de donde eran oriundos los doce jóvenes. Confieso que al ver las imágenes por televisión del presunto conductor de la camioneta, perturbado, destruido e inconsolable por el abrupto shock emocional que está viviendo, mientras un juez le leía en su lecho de convaleciente que como medida cautelar se le impondría prisión preventiva por el delito de homicidio imprudente en perjuicio de los 12 jóvenes fallecidos, sentí escalofríos en toda la piel. Me fue imposible el no sentir un poco de conmiseración por aquel joven que en medio de todo ese drama psicológico era conducido por unos policías a cumplir la medida cautelar impuesta por el juez. Y es que esta tragedia se debate entre la dicotomía de unos familiares dolidos por la pérdida de un ser querido que ven —creo yo— como único responsable a un joven que manejaba al parecer en estado de ebriedad y exceso de velocidad y el drama humano y psíquico que está viviendo dicho joven y su familia. Qué difícil es ponerse en el lugar de ambas partes, no quisiera estar en los zapatos de ninguno de ellos.
Sin pretender ser juez y parte de este penoso caso, no cabe la menor duda sobre la imprudencia y responsabilidad del joven conductor que también atentaba contra su propia vida y que pudo haber muerto. Pero también tengo que señalar el conocimiento de hecho que quizás tuvieron los acompañantes, del estado en el que conducía el joven imputado; de lo único que sí estoy seguro es que ninguno de ellos quiso tener ese trágico destino, es por eso que creo que éste no es el mejor momento para buscar culpables ni achacarle toda la responsabilidad a una sola persona, peor aún terminar de destrozarle la vida a un joven que de por sí ya está devastado moral y mentalmente. Qué lamentable que tengan que suceder estos aciagos acontecimientos para hacernos reflexionar lo valiosa que es la vida y lo efímera que puede ser nuestra estadía en este mundo.
A través de este medio quisiera expresarles mis más sentidas condolencias a todos los familiares de las víctimas, y pido a Dios que les dé resignación a todos y todas.
Francisco Rolando Soza Morales
Médico General
FALTA DE VALORES
La tragedia ocurrida el pasado Sábado Santo en horas de la madrugada, en la que perecieron 12 jóvenes que tenían una vida por delante y del cual han surgido varias opiniones, debe servir para que toda una sociedad deba reflexionar y apegarse aún más a Dios.
A mi criterio no se deben buscar culpables, porque no existen. Con esto no se estoy defendiendo a ninguna institución, porque, ¿quién más culpable que toda una sociedad que no ha sabido dar principios y valores?
Además, en este lamentable hecho nadie quiso causar dicha tragedia, o sea que ocurrió por un error que no se quiso cometer, una errónea imprudencia que resultó fatal, aquí cabe una frase que dice: “nadie quiere lastimar a nadie”.
El problema radica también en que mientras más pasan los años, parece que en la juventud hay más libertinaje y se olvidan de los buenos principios y valores.
A leguas se puede apreciar actualmente cómo se quiere corromper a los chavalos. Tal ejemplo puede ser cuando se hace propaganda a una fiesta con la frase de gancho: “a las primeras 100 personas que asistan, un trago de cortesía”. Desde ahí se insta a los jóvenes por un camino equivocado. Esto que menciono, antes ni siquiera existía ni se escuchaba.
Recuerdo que años atrás la juventud se divertía, iba a fiestas y casi no había el consumo del licor en los jóvenes. Pero el vicio fue creciendo al igual que el libertinaje, por falta de comunicación entre padres e hijos.
A pesar de todo lo que se ha escuchado y se comenta sobre el accidente del Sábado Santo, nadie tiene culpa de este suceso, aunque sí creo que la institución policial debería modificar algunos artículos de las leyes de tránsito; también que los padres de familia deben tener una mejor comunicación con sus hijos, enseñarles principios y valores humanos; y además se debe modificar el Código de la Niñez y Adolescencia.
Muchas veces se dice que los eventos son para mayores de 18 años, que no se vende licor a menores de edad, pero, ¿quién controla esto? Más bien es todo lo contrario. Otra cosas es que es toda una barbarie cómo corren las motos a toda hora, en ocasiones conducidas por menores de edad.
Luego de esta tragedia no hay que buscar un culpable o echarle la culpa a alguien porque no hay. La culpabilidad está en toda una sociedad que no sabe medir las consecuencias, de manera que resultó una historia que tuvo un lamentable desenlace. Sin embargo, cada quien es dueño y responsable de su propio destino. Hay que hacer un alto, hacer una reflexión profunda, a conciencia, y buscar más de Dios.
Róger Salinas Gallegos
CONTUMACIA
En su alocución en la plaza de San Pedro de Roma el día de Pascua, el cardenal Angelo Sodano dirigiéndose al Santo Padre Benedicto XVI, en referencia al escabroso asunto de los sacerdotes pederastas, dijo algo insólito como para quedar bien con el Papa. En concreto que sólo eran meras “habladurías”, lo cual es más de extrañar cuando el mismo Santo Padre se ha referido con gran seriedad y preocupación, como es natural, a este asunto, por ejemplo en su reciente carta a los Obispos de Irlanda. Y en su viaje a Estados Unidos también tocó este asunto a fondo.
Y más recientemente (El País, 19 de marzo 2010) Stephan Ackermann, elegido por la Conferencia Episcopal Alemana para dirigir la investigación y coordinar la atención a las víctimas de abusos sexuales por parte de religiosos en esa nación, reconoció: “Que la jerarquía eclesial alemana ha sido culpable de ocultar los crímenes contra niños”, cometidos en instituciones católicas. ¿Habladurías? Yo más bien lo llamaría contumacia.
Carlos Chamorro Coronel
FE DE ERRATA
Dolor en vez de dolo
En la Sección de Opinión del sábado 10 de abril corriente, en la sección de Cartas al Director se publicó un escrito del señor Bayardo Quinto, titulada Deber del Presidente, en la cual se dice erróneamente que “el dolor difiere ·, siendo lo correcto que “el dolo difiere…”
Ofrecemos nuestras disculpas tanto al autor de la carta mencionada como a nuestros lectores.
El Editor
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A