“ Porque es pacífico este hogar, temeroso,
y solo al amor consagrado ”
Hogar
La Insurrección Solitaria.
Carlos Martínez Rivas
Estaban en la cocina
las hijas, el hijo, la nuera y los nietos,
todos parloteando sobre el sabor
que dan las ciruelas sobre el cerdo horneado,
y cuánto de vino rociar en el caldo
para acrecentar lo agridulce en la carne,
y que el alimento deguste agradable al paladar,
una noche de Pascua Florida
también ya ida.
Entonces los evoqué ausentes
en la extensa noche de mis años
cuando para mí no eran nada,
solo aire, imaginaciones, algo imposible de saber,
como la distancia entre el cielo y el mar
o la incierta lluvia que anuncia
un lejano rayo fugaz ya en el final del verano,
y evoqué el recuerdo de mis muertos,
las yemas de sarmiento de mi abuela
el ondulado cabello entrecano de mi padre
los ojos celestes de mi madre,
para quienes yo también fui un día nada.
Entonces vi el milagro de la vida
venido ahora en parlanchina y dispersa familia,
que de dos ha venido a ser en más
y todo por aquella mirada que en mis ojos pusiste,
bajo el barroco frontis del templo;
y una madonna con un niño en su regazo
en el centro del vitral, en rombo,
frente a la plaza y el parque, con su fuente de agua
y la blanquecina estatua del prócer,
que ve las hojas caídas de los árboles
llevadas a la nada por el viento,
con sus brazos cruzados en el pecho.
León, Parque Jerez, marzo, 2009.
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