Mauricio Solís la prensa/CORTESÍA

Hogar en pascua florida

“…Porque es pacífico este hogar, temeroso,

“…Porque es pacífico este hogar, temeroso,

y solo al amor consagrado…”

Hogar

La Insurrección Solitaria.

Carlos Martínez Rivas

Estaban en la cocina

las hijas, el hijo, la nuera y los nietos,

todos parloteando sobre el sabor

que dan las ciruelas sobre el cerdo horneado,

y cuánto de vino rociar en el caldo

para acrecentar lo agridulce en la carne,

y que el alimento deguste agradable al paladar,

una noche de Pascua Florida

también ya ida.

Entonces los evoqué ausentes

en la extensa noche de mis años

cuando para mí no eran nada,

solo aire, imaginaciones, algo imposible de saber,

como la distancia entre el cielo y el mar

o la incierta lluvia que anuncia

un lejano rayo fugaz ya en el final del verano,

y evoqué el recuerdo de mis muertos,

las yemas de sarmiento de mi abuela

el ondulado cabello entrecano de mi padre

los ojos celestes de mi madre,

para quienes yo también fui un día nada.

Entonces vi el milagro de la vida

venido ahora en parlanchina y dispersa familia,

que de dos ha venido a ser en más

y todo por aquella mirada que en mis ojos pusiste,

bajo el barroco frontis del templo;

y una madonna con un niño en su regazo

en el centro del vitral, en rombo,

frente a la plaza y el parque, con su fuente de agua

y la blanquecina estatua del prócer,

que ve las hojas caídas de los árboles

llevadas a la nada por el viento,

con sus brazos cruzados en el pecho.

León, Parque Jerez, marzo, 2009.

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