Traducción libre de Eduardo Enríquez
Es mediodía en Managua, la capital de Nicaragua. El sol brilla sin piedad desde un cielo azul sin nubes, y el termómetro marca 38 grados en la sombra. En la mayoría de las oficinas, tiendas y aun en casas privadas el aire acondicionado está trabajando a toda su capacidad, luchando una batalla sin fin por una temperatura más llevadera. Pero no es así en la oficina de Max Lacayo. Él es el director de la empresa familiar ECAMI, que produce plantas de energía alternativa a precios accesibles.
“Nosotros generalmente usamos abanicos en nuestra oficina, con ellos mantenemos la temperatura en un nivel aceptable y por un par de horas al día encendemos el aire acondicionado, pero nosotros suplimos parte de la electricidad con nuestros paneles solares”, explica Lacayo mientras muestra un exhibidor de paneles solares, baterías, turbinas de viento y tanques de agua.
Max Lacayo y ECAMI venden energía renovable, principalmente energía solar, en un país que tiene las características para explotar este recurso.
“Aquí en Nicaragua tenemos la capacidad de obtener en promedio cinco horas de nivel máximo de energía solar cada día. En Alemania, por ejemplo, pueden obtener tres horas por día en esos niveles. En Nicaragua las condiciones son ideales, en el campo instalamos plantas para la producción de electricidad. Para los que ya tienen electricidad no es mucha diferencia porque no podemos producir suficiente como para que se note. Pero para aquellos que no tienen acceso del todo a energía eléctrica es una oportunidad colosal”, dice Lacayo.
“Es impresionante cuánto puede significar un watt para las personas que no tienen energía eléctrica. Para el 40 por ciento de la población en este país no haría ninguna diferencia si expandiéramos la capacidad central, porque ellos simplemente no tienen acceso a energía”.
[/doap_box][doap_box title=»Héroes de la Era Verde» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
- Los periodistas escandinavos Erik Rasmussen y Per Meilstrup, de la ONG Monday Morning, uno de los tanques de pensamiento más importantes de Escandinavia, escribieron el libro.
“De la alta tecnología de Silicon Valley en California o los estresantes círculos de negocios de Hong Kong a las verdes montañas de Nicaragua o las villas de Uganda… es un viaje turbulento alrededor del planeta”.
Y ahí es donde figuran el joven empresario nicaragüense Max Lacayo y la empresa ECAMI, que se dedican en el país a instalar plantas de energía solar y eólica. Lacayo es uno de los “héroes de la Era Verde” y cuenta su historia en las páginas del libro.
Según Rasmussen y Meilstrup, su libro “se enfoca en los hombres y mujeres que están construyendo nuestro futuro común. Sus historias son inspiradoras, fascinantes y a veces también entretenidas”.
“Son personas inteligentes y profundamente comprometidas, sin embargo también son personas con una insistencia casi maniaca para que tomemos sus ideas en serio, junto a la chispa de locura que a veces es necesario para encender el espíritu de innovación”, explican los autores.
Los autores dicen que aunque estos innovadores son los que en realidad van a cambiar el futuro, raramente se escucha de ellos porque “los periódicos, y los documentales sobre cambio climático generalmente perfilan alrededor de la política y la ciencia, los trajes, las corbatas, las inundaciones y los glaciares que se derriten. Las cumbres políticas y los desastres naturales van mano a mano con los géneros tradicionales del periodismo”, explican.
“Pero nosotros creemos que las historias (en el libro) se relacionan con temas reales… Nosotros documentamos que la humanidad está en el umbral de un boom de innovación. La tecnología verde está cambiando nuestro mundo y de esa manera lo está preservando para las generaciones venideras. En este proceso las tecnologías van a crear nuevas sociedades, nuevo crecimiento y millones de nuevos trabajos verdes… eso es si nosotros queremos, claro”, dicen los autores.
[/doap_box]
“Sin embargo, con un panel solar y una batería de 100 watts se puede hacer una gran diferencia para ellos. Pueden ver televisión para mantenerse informados, recargar sus teléfonos celulares para llamar a los hospitales cuando lo necesiten y sus hijos pueden hacer sus tareas por la noche”, explica Lacayo, quien ha viajado por todo el país instalando las plantas.
Cuando ECAMI lleva los paneles solares a personas en áreas remotas muchas veces tienen que viajar a lomo de mula, porque en Nicaragua los caminos no penetran muy lejos en las montañas. En este país, donde uno de cada cuatro ciudadanos tiene un dólar al día o menos para vivir, la característica en el campo es de cordilleras, enormes llanos y bosques tropicales húmedos.
UN BENEFICIO INMENSO, Y NO SÓLO PARA EL DESARROLLO
Los paneles solares son instalados en los techos de las casas de los campesinos y los conectan a una batería recargable para poder almacenar la energía y poderla usar tanto de día como de noche. La batería se desconecta automáticamente del panel solar cuando ya está totalmente cargada y así se evita que se queme.
La gente de ECAMI instala los cables eléctricos, interruptores y tomacorrientes, para que las familias puedan hacer uso de la electricidad a su conveniencia. “ECAMI es una empresa privada que debe ganar dinero para subsistir; sin embargo, nuestras plantas tienen un propósito social. Yo siempre digo que tenemos tres resultados cuando instalamos una planta de energía solar en la casa de un productor: La familia no está generando con combustibles fósiles como el petróleo, ése es un resultado que tiene un impacto económico y medioambiental. Pero las consecuencias sociales también entran en la ecuación, ya que la planta mejora su calidad de vida al tener acceso aunque sea a un poco de electricidad”, dice Lacayo.
LOS INICIOS
La empresa dio sus primeros pasos en 1982. “La guerra de insurrección apenas terminaba y las líneas de comunicación habían sido dañadas. Mi padre, que es técnico de radio, tuvo la idea de usar walkie talkies para que los campesinos pudieran comunicarse, pero ¿cómo recargarían las baterías? Un día leyó en una revista que se podría usar paneles solares. En ese tiempo esa tecnología era muy nueva en Centroamérica y él no sabía nada al respecto, pero aún así importó algunas plantas y al instalar la primera se dio cuenta de que con los paneles también se podía producir energía eléctrica”, cuenta Lacayo.

Más tarde ECAMI vio la oportunidad que ofrecía la energía eólica y en el futuro la empresa también pretende usar la energía solar para el calentamiento de agua. Los clientes son tanto los dueños de residencias privadas como los hoteles. Un hotel en la capital bien puede abastecer 100 cuartos con agua caliente usando únicamente energía solar térmica. El beneficio ambiental es sustancial.
“Nosotros contribuimos al balance del CO2 con grandes ahorros en el funcionamiento de las antenas de radio en áreas remotas. Antes funcionaban con generadores diesel, con los paneles solares podemos reducir el consumo de combustibles fósiles por 54 mil litros de diesel al año en cada una de las antenas. También estamos trabajando en una cocina que funcione con energía solar para reducir la deforestación en el país”, dice Lacayo.
“A mí me encanta mi trabajo. Conozco a muchas personas y puedo ver cómo se vive lejos del confort de la ciudad. El día termina a las seis de la tarde para estas personas, cuando el sol se oculta, así que cuando uno está en esas zonas de verdad que aprende el valor de la energía. Me gusta ver cómo la energía hace realmente una diferencia en sus vidas. En cooperación con Unicef hemos instalado paneles solares en los techos de los centros de salud, para que puedan tener luz eléctrica y puedan atender pacientes en la noche. Además, la electricidad les permite tener un refrigerador donde mantener las vacunas o los niños que llegan con problemas respiratorios pueden ser atendidos con máscaras de oxígeno”, explica Lacayo.
EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA AMBIENTAL
Para el joven empresario el problema de la energía no sólo está en las áreas remotas, sino en las propias casas. “Naturalmente que tenemos paneles solares para la electricidad y para el agua caliente, pero a mí me gustaría que pudiéramos arreglárnoslas completamente sin la generación eléctrica comercial, pero eso no es posible aunque se utilizaran bujías ahorradoras”.
Lacayo tiene una conciencia ambiental mucho mayor que el promedio de los nicaragüenses. El país es pobre, así que sólo una pequeña minoría considera el consumo de recursos en la lucha diaria por sobrevivir. Es por esa razón, entre otras, que Lacayo piensa que la gente debería tener su propia planta de energía solar y que puedan entender cómo funcionan.
“Este proyecto debe ser sostenible. Las plantas que instalamos generalmente está a cientos de kilómetros de las ciudades, así que deben funcionar bien, pero además del equipo y las instalaciones, la gente también debe estar capacitada para reparar las plantas, ya que de nada sirve que la planta pare de funcionar sólo porque se fundió un fusible de 50 centavos. Nosotros siempre le enseñamos a la gente cómo funciona la planta y también les explicamos las limitaciones que tienen para que las cuiden y puedan tener energía, de lo contrario, al inicio pueden darse abusos, los niños se ponen a jugar con las luces o ven televisión durante horas hasta que la batería se muere. Las personas deben entender las limitaciones del sistema, de otra manera el resultado será sólo frustración”.

Héroes de la Era Verde Heroes of the Green Age ( Héroes de la Era Verde ), en el cual tratan de demostrar cómo es que el espíritu de innovación de los seres humanos puede dar soluciones a los problemas del clima que actualmente enfrenta el planeta.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 A