CORRESPONSAL/MIAMI,FLORIDA
Los esposos Torrente Palacios y sus tres pequeños hijos viajaron a la ciudad de Washington para participar en la Marcha Nacional por la Reforma Migratoria mañana domingo 21 de marzo.
Esta familia nicaragüense, originaria de la ciudad de Nagarote, León, es parte de los millones de hispanos en Estados Unidos que están esperanzados en que se cumpla la promesa de legalización que les hizo el presidente Barack Obama, porque eso les permitiría vivir una vida libre de zozobra en Estados Unidos.
Los Torrente Palacios viajaron de Miami a Washington, igual que otros hispanos que viven en Florida, con el único propósito de exigir a Obama que pare las deportaciones de inmigrantes indocumentados y que su partido apruebe la reforma migratoria.
Nora Sándigo, directora de la Fraternidad Americana Nicaragüense, también está en Washington con una representación de niños estadounidenses cuyos padres hispanos han sido deportados a sus países de origen, entre éstos Nicaragua.
Al menos 800 niños, apoyados por la Fraternidad Americana, sufren por las deportaciones al ser separados abruptamente de sus padres. Por eso, la delegación de niños lleva una carta dirigida al presidente Obama, en la que le solicitan una orden ejecutiva que permita a sus progenitores retornar a Estados Unidos y que, junto a los que están al borde de la deportación, puedan regularizar su estatus legal.
La organización pro inmigrantes, con sede en Miami, promueve desde hace un año una campaña de apoyo a los niños afectados por la deportación, denominada “No me dejes solo”, que provee apoyo alimentario, vivienda para los que sufren una condición extrema, útiles escolares y asistencia sicológica.
Para Sándigo, los problemas de esos niños nacidos en Estados Unidos acabarán una vez que se logre la reunificación de las familias.
María Palacios emigró hacia Estados Unidos hace diez años por petición familiar, pero su esposo Julio Torrente no estaba incluido en la petición. “Como yo ya era residente viajaba constantemente a Nicaragua, a visitar a mi esposo y así estuvimos como cuatro años”, relata.
Durante esos cuatro años nacieron sus dos primeros hijos. Cuando un tercero venía en camino, Julio decidió reunirse con su familia y entró indocumentado a Estados Unidos, por la frontera norte de México.
Aunque hoy los Torrente Palacios permanecen unidos, Julio carece de estatus legal y esa condición afecta cada vez más a la familia porque él no puede trabajar ni conducir.
“Yo soy la que estoy llevando el sustento a mi hogar, tengo dos trabajos para poder medio sostener a mi familia, es duro pero no quiero que nos separemos, por eso hemos decidido que mi esposo permanezca por ahora en casa y evitar que sea deportado, es peligroso y me da temor que ande en la calle”, cuenta María.
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