ARLINGTON, Texas/ AP
La pelea ya había terminado hace tiempo y la mayor parte de la asistencia más grande a una pelea de box en Estados Unidos en 17 años salía del enorme Estadio de los Vaqueros tras una nueva victoria del púgil considerado el mejor libra por libra.
Manny Pacquiao estaba en la ducha, donde un integrante de su equipo seguro estaba a cargo de seleccionar el champú mientras otro tenía la labor de asegurarse de que las toallas estuviesen bien.
Pacquiao había despachado fácilmente a un tímido Joshua Clottey, y tenía que participar en un concierto. Finalmente apareció con un suéter de rombos, que se hubiera visto mejor en un campo de golf, y con lentes oscuros, mejor hechos para la playa. Y apareció con todo su contingente alrededor, cada uno maniobrando por tener la mejor posición junto a “Pacman”.
Sólo transcurrieron unos cuantos minutos para que surgiera el tema de Floyd Mayweather Jr. y su campaña política del próximo mes para legislador en Filipinas. La fiesta posterior a la pelea esperaba, y una vez más la estrella estaba lista para actuar.
“La primera canción que voy a cantar es La Bamba ”, dijo.
Es un buen momento para ser Manny Pacquiao, y Texas demostró ser un buen anfitrión para el mejor peleador del momento. En el inmueble construido por Jerry Jones, unas 51 mil personas se acomodaron para ver pelear a Pacquiao el sábado por la noche y pocas parecían irse decepcionadas, incluso si la renuencia de Clottey de hacer combinaciones los privó de un combate espectacular.
El triunfo fue tan fácil como lució con Pacquiao ganando todos los asaltos en la tarjeta de un juez y todos los episodios excepto uno de los otros dos jueces. Para cuando se contaron todos los recibos de la transmisión pagada de la pelea por televisión probablemente “Pacman” ya era 15 millones de dólares más rico, y no necesitó de la extravagancia de Mayweather para obtener otro enorme día de paga.
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