CORRESPONSAL/ CARAZO
Con el objetivo de que la ciudadanía de Carazo conozca más sobre la importancia de la defensa de los derechos humanos, que actualmente han sido violentados por el Gobierno de turno, es que caraceños de distintos sectores participaron en el Foro Departamental Cristianismo y Sociedad.
En el mismo estuvo como expositor José Esteban González Rappaccioli, quien se presentó ante la población como candidato a Procurador de los Derechos Humanos y aseguró que si resultase electo, velaría para que los derechos de la ciudadanía sean respetados.
Para él, cristianismo y sociedad son dos aspectos que no se pueden separar, porque como nicaragüenses se tienen dos pilares, que son el patriotismo o el nacionalismo y, por otro lado, el cristianismo.
González dijo que no hay nicaragüense que diga que no quiere a su país, y luego, que todos son discípulos de Cristo; por lo tanto, parte del cristianismo, temática que lo inspira para mejorar la situación de este país y para restablecer la moral tanto privada como pública.
Por su parte, Edith Reyes, ciudadana que asistió a la actividad, dijo a LA PRENSA que ahora más que nunca la población no puede hacer caso omiso a este tipo de actividades en las que se les hace partícipes para que conozcan y promuevan sus derechos.
Asimismo, que para el futuro del país se debe mostrar que todos los nicaragüenses en conjunto persiguen un objetivo azul y blanco, lo que se puede hacer participando en marchas o actividades masivas, sin miedos y con respeto.
Benjamín Lugo, miembro del comité ejecutivo del Movimiento por Nicaragua, hizo un llamado como parte de la sociedad civil a la ciudadanía de Carazo, para que asistan el próximo sábado 20 de marzo a la capital, para vivir una actividad cívica azul y blanco como lo es la marcha que insta a “barrer la corrupción”.
Refirió que, además de un derecho, es un deber ciudadano cambiar la situación política que hemos vivido. Llamó “cultura perversa” la elección de magistrados que se ha dado por años mediante un sistema partidario, lo que ha traído las actuales consecuencias, de tener un Consejo Supremo Electoral (CSE) partidarizado en el que se cuentan los votos de acuerdo a las orientaciones de sus caudillos.
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