El Centro Humboldt hizo un llamado a la población a que se preocupe por sembrar más árboles y cortar menos, ya que de otra forma los efectos del cambio climático serán más dramáticos para Nicaragua.
El llamado lo hizo a través de su oficial de incidencia para el agua, Maura Paladino, quien expuso la situación ayer en una rueda de prensa ofrecida en Managua.
Según Paladino, en municipios como Santa Rosa del Peñón, El Jicaral y Larreynaga, en el Occidente, la deforestación llegó al punto que algunos pozos hoy son utilizados como basureros por la población.
El Gobierno de la República, junto con otras organizaciones no gubernamentales, entre las que se incluye el mismo Centro Humboldt, impulsan la cosecha de agua en algunos sitios del país. Paladino dijo que sin lluvias esto es un “absurdo”.
Para garantizar el recurso agua lo importante es tener bosques y, para eso, hay que dejar de despalar y comenzar a sembrar árboles, insistió la representante de Humboldt.
En Nicaragua se pierden aproximadamente 70 mil hectáreas de bosques anuales, según el Inventario Nacional Forestal. El Gobierno calcula que en el país se reforestarán 14 mil hectáreas este año.
A la par de esto, un estudio presentado por Paladino precisó que el régimen pluviométrico en los municipios mencionados se está reduciendo en 0.44 por ciento cada año y que lloverá un 15 ó 16 por ciento menos para 2050.
El Centro Humboldt sospecha que lo mismo está ocurriendo a nivel nacional. Eso explica, en parte, el llamado a reforestar.
El peligro, según la especialista, es que el avance de la frontera agrícola, que consiste en talar un bosque para sembrar granos y criar ganado, aumenta la deforestación, que a su vez influye en el cambio climático, provocando menos lluvias y menos filtración de agua en el suelo. Con ello disminuyen las reservas de agua subterránea, lo que significa mayor escasez del vital líquido.
EFECTO DOMINÓ
Paladino afirmó que en los municipios señalados las enfermedades, pobreza e inseguridad alimentaria son producto de la falta de productividad de las tierras que están secas por falta de lluvias.
El mayor peligro, a juicio de la experta, es que esto no se trate de una sequía, sino de una situación de aridez, es decir que la falta de agua dejó de ser temporal para convertirse en permanente, debido a la falta de árboles y los efectos del cambio climático.
Paladino dijo que una sequía puede durar uno o dos años, que es temporal, pero la aridez es un problema permanente, ya que en ese sitio no vuelve a haber agua.
Los bosques son importantes porque entre sus funciones está almacenar agua, mantener la tierra húmeda y evitar la erosión de los suelos.
Hasta ahora, la cultura de los dueños de grandes extensiones de tierra en Nicaragua es la depredación de los recursos naturales, una mentalidad que todavía no cambia.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 A